Son los detalles los que construyen el amor

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El amor es el resultado de muchos elementos combinados, pero es el amor que se alimenta de detalles el que crece y se construye cada día.

Muchas veces descuidamos el amor porque lo damos por sentado. Y terminamos alejándonos de las personas que más nos importan, por invertir nuestras energías en otras situaciones o personas.

El amor crece con la disposición, con esas ganas de hacer sentir al otro valorado y querido. El amor crece con los detalles pequeños, con la atención mutua.

Hay muchas formas de decir te amo sin pronunciarlo, estar pendiente del otro, dedicarle tiempo, hacerle sentir prioritario en nuestras vidas, animarlo a cuidarse, reconocer y celebrar sus logros, apoyarle en sus proyectos, estar presente cuando lo necesita…

También recordarlo verbalmente resulta dulce al oído, mantiene el romanticismo y nos recuerda que existe una palabra que respaldar, con actitudes, con acciones, con decisiones.

Dejamos de construir el amor cuando nos deja de importar, cuando dejamos de invertir nuestros pensamientos en ese nexo, cuando nuestras energías se dedican a algo más, cuando le restamos atención y tiempo a esa relación.

Hay amores que se mantienen de la nada, que son tácitos, que siempre estarán independientemente de lo que se siembre, pero raras veces el amor de pareja se apega a estas condiciones.

En una pareja sana y equilibrada, lo normal es dar y recibir, alimentarnos y alimentar de detalles la relación. Las acciones bonitas normalmente nacen, pero también es cierto que podemos educarnos en una relación, podemos aprender a demostrar nuestro afecto de determinadas maneras, incluso cuando no hemos estado familiarizados con ciertos detalles.

Lo importante es darle sentido y valor a la relación, que no se asuma el amor y se descuide por ello. Debemos entender que el amor que no se riega, se marchita, al igual que un amor que se maltrata, que se colma de decepciones, que se desvalora y menosprecia.

A veces cuando perdonamos, cuando damos segundas o enésimas oportunidades, esto deja de verse como una demostración de amor, sino que se convierte en un punto de partida para una cadena de abusos, que solo desfavorecen las relaciones.

Debemos aprender a recibir el amor y a respetarlo. No estamos obligados a estar con alguien, pero mientras sea nuestra decisión compartir nuestro camino junto a alguien, resulta conveniente cuidar y respetar ese amor, amándonos a nosotros mismos y amando a esa persona especial.

De alguna manera lo que damos, lo recibimos de vuelta, aunque no necesariamente de la persona a quien se lo hemos dado, por eso el dar amor nunca es una mala inversión, llenar de detalles la vida de quien amamos, nos enseña a amar, a demostrar ese amor y a construir la relación en la que queremos estar y si con quien estamos no resulta ser la persona que permanezca en nuestras vidas, al menos estemos tranquilos por haber hecho nuestra mejor siembra, porque si no hemos cosechado los frutos, de seguro lo estaremos haciendo.

No te quedes esperando que el amor se mantenga por sí mismo, trabaja tú en hacerlo más fuerte, más grande, más inolvidable, de detalle en detalle… No tengas miedo a entregarte, más bien, teme a quedarte con amor guardado, porque el amor que es para dar, pesa cuando lo acumulamos dentro.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet