Te vas, vuelves y te vas… ¿a que estamos jugando? 

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1979

No sé que es lo que pretendes al estar jugando con mis sentimientos, haciendo que mi vida se convierta en una ruleta de la fortuna, que haces que un día me encuentre en las cimas, pero el día de mañana haces que baje hasta los suelos; provocas que mis sueños se quiebren y no tenga ganas de volver a seguir adelante. Un dci me desperté y me di cuenta de que estaba dentro de un juego que no sabía en que momento decidí participar, como fue que llegue a este momento donde tú tenías el poder de mis decisiones, de mis altas y de mis bajas. No puedo seguir metida en un juego en el cual no sé las reglas que se que la partida terminará siempre mal para mí, estoy perdiendo todo lo que tengo a pesar de no haber apostado; he perdido mi tiempo, mis fuerzas y mi corazón en cada una de las partidas y a ti no parece importarte.

Ya no soportaba la noticia de que te irías de nuevo, para que al pasar algunos días volvieras diciéndome que me amabas, que estabas arrepentido de haberte alejado de mí porque te habías dado cuenta de que era lo mejor de tu vida y que no habría nada que te separará de mí. Me elevabas a los cielos cada vez que me prometías de nuevo una vida a tu lado y me decías que era el amor de tu vida. No puedo explicarte lo que sentía cada vez que me besabas después de regresar porque todo ese tiempo que estaba sin ti me la pasaba extrañándote y anhelando que siguieras a mi lado y nunca más te fueras. Durante este tiempo de ausencia yo cargaba mis ganas de seguir a tu lado y cuando decidías volver yo me encontraba vulnerable, y al prometerme de nuevo amor y una vida a tu lado no había manera de que yo dijera que no.

No sé como pude soportar tanto tiempo en ir y venir de un dolor que era insoportable. Cada vez que regresabas, me ilusionabas y me llenabas de sueños y después me lo arrebatabas diciendo que no era para ti, que no lograbas sentir amor por mí por más que lo intentabas, que ya no era lo mismo y con cualquier pretexto intentabas decirme adiós. En ese momento partías mi corazón en miles de pedazos y hacías que no parara de llorar durante las noches, que soñará con volver a los días en los que estabas a mi lado y que la desesperación creciera por no poder tenerte a mi lado; es un dolor que no soportas, que nadie podría dejar pasar.

Lo único que me hacía falta era abrir mis ojos y darme cuenta de que lo mejor era dejarte ir, sin importar si regresarás o no, te tendría que dejar ir y no permitir que volvieras a mi vida para que volvieras a lastimarme de nuevo, de la misma manera como tantas veces lo lograste. Sabía que la respuesta estaba en no permitir tenerte de nuevo en mi vida y alejarte lo más lejos posible de mí.