Le demostraba todos los días que ella era lo único que tenía y lo único que él necesitaba 

0
1184

Todas las mañanas al despertar era ella lo único en lo que él pensaba, pasaba las horas soñando con un mundo que estaba cerca de él; un mundo en el que solo existían él y ella. En su cabeza comenzó a construir un mundo lleno de fantasía, donde todo lo que hacían era amarse, sin importar todo lo que les rodeaba. Todos los días al despertar ella era su primer pensamiento, a pesar de que en sus sueños ella era siempre la protagonista, pensaba en ella y no podía detenerlo, porque en su corazón era lo único que había, un amor eterno por la mujer que tiempo atrás había llegado para quedarse en su vida; un amor que no dejaba de crecer, que no dejaba de abrazarlo cada día más, abrazarlo para hacer que se enamorara cada día más de ella.

La vida le había regalado lo mejor que había conocido y sabía que era para siempre, pues el amor que se iba formando en su corazón era amor verdadero, un amor que nunca nadie podría derribar y si alguien lo intentaba él lucharía con todas sus fuerzas, y todo por ella. Era un sueño hecho realidad y no estaría dispuesto a quitar el dedo del renglón para que nadie nunca pudiera tenerla, porque se había convertido en un hombre diferente desde el día en que la había conocido. No quería que el tiempo siguiera su curso, lo único que quería era poder detener el tiempo con sus propias manos y mantenerlo en un solo momento, un momento junto a ella que fuera eterno, donde los años no pasarán y los días nunca cambiarán.

Él estaba más que enamorado, se encontraba hechizado por esa mujer que tanto le entregó, por la chica a la  que le entregó sus sueños, sus fuerzas y cada una de sus metas. No había nadie más que hiciera que su corazón latiera de la misma manera como ella lo lograba, pues hacía que sus latidos aumentarán, hacía que cada día a su lado pudiera sentirse cada vez más vivo y dispuesto a seguir luchando, luchando por ambos y por el amor que hasta ahora los mantiene unidos. Él sabía que nunca encontraría a nadie que pudiera tomar su lugar, que le hiciera sentir mariposas en el estomago como ella lo lograba. Tenía la oportunidad en sus manos de tener a la chica perfecta, y no estaba dispuesto a dejarla ir, pues sabía que lo mejor era ella y que nunca nadie lograría producir en su interior lo que ella cada día lograba con sus caricias y cada una de sus sonrisas.

Al cerrar los ojos, en lo único que pensaba era ella, en estar a su lado y demostrarle que por ella estaba dispuesto a hacer cualquier cosa; porque estaba dispuesto a demostrarle cada día de su vida que ella se había convertido en su todo y en lo único que él necesitaba. Su vida era para ella  y sus latidos solo por ella.