La vida me obsequió la mayor bendición de todas… mi hijo

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Un día ya estabas dentro de mí, yo aún no lo sabia pero me comenzaba a sentir diferente, comenzaba a sentir extraña y no sabía el porqué. Los días pasaron y llegó la noticia de que estabas en camino, que en mi vientre había una pequeña luz en mi vida que vendría a alegrar mis días y contigo las mejores bendiciones que pude haber tenido en mis manos, las mejores experiencias y por supuesto, muchos cuidados. Los días pasaban, mi vientre aumentaba y las ganas de tenerte ya lo podía controlarlas. Quería que el tiempo pasará aún más rápido y que pudieras estar en mis brazos para poder verte por primera vez. No puedo explicarte ese sentimiento que se sentía en mi corazón al pensar que alguien, una pequeña criatura estaba formándose en mi cuerpo y que mi corazón encontraba una nueva razón para seguir latiendo. Quería tener preparado todo para el día en el que tú llegarás, pero todos los problemas que tuve que experimentar en el transcurso del proceso no me dejaban ni siquiera pensar.

Todo lo que viví, los síntomas que tuve que pasar para que tú siguieras creciendo dentro de muy, nunca los voy a olvidar, pues solo una mujer que ha sido madre podría entender lo que acabo de decir. Yo seguía a la espera y la paciencia cada vez era más corta, pues lo único que deseaba era estar cerca de ti, mirar tu rostro y contemplar cada parte de tu cuerpo. No quería que nada pudiera pasarte e intentaba cuidarte con todo lo que en mí quedaba, pues mis yermas se acababan, no podía caminar demasiado porque me cansaba, mi espalda, rodillas y cabeza dolían hasta hacer que me quedara inmóvil, intentado recordar que por ti estaba dispuesta a pasar todo lo que tuviera que pasar, que lo único que quería era estar ahí para verte crecer y un día poder decir que todo habría valido la pena.

Aunque mi cuerpo parecía morir con cada uno de los síntomas, mi corazón estaba feliz, yo podría estar de pie porque la fuerza que me sostenía estaba dentro de mí, literalmente. Cada noche al dormir y algunos tiempos por la mañana me detenía a pensarte; pensar en cómo serías, como serían tus ojos, tus labios, si te parecerías a mí o quizá a tu padre. Con el tiempo dejaba de pensar en mí y mi mente se enfocaba en esa pequeña persona que estaba dentro de mí y en todas eaaa cosas que haría cuando llegaras a este mundo. No podía evitar pensar en un futuro a tu lado, verte crecer y morirme de ganas de querer abrazarte, besarte y llenarme con tus sonrisas. Desde el día que supe de te tendría, desde ese día hasta el día de hoy soy muy feliz, pero quiero hablarte de ese momento en el que pude verte, pude abrazarte y pude confirmar que tú eras mi mayor regalo, mi mayor bendición y hasta el día de hoy eres mi inspiración. Comencé a vivir una nueva vida el día en que llegaste a mí.