Decidí enamorarte. Mi plan era ser auténtica, sencilla, abrirme para que conocieras mis sentimientos y te dieras cuenta del amor que sentía por ti. Que nos tuviéramos confianza, que nos contáramos cómo nos fue en nuestro día, consolarnos si fue malo o alegrarnos juntos si fue bueno. Ser naturales, sin esfuerzos y sin poses, darnos los buenos días, darnos un beso o una caricia cuando nos naciera, así, en libertad, sin presiones. Claro, darnos nuestro espacio, tomarnos el atrevimiento de extrañarnos un poco para volver a vernos con más entusiasmo.

Mi plan era verme hermosa para ti, que te enamoraras de mí por lo que soy. Quería arreglarme para ti, ponerme bonita cada día, pero que también te dieras cuenta que en el fondo la apariencia superficial no me importa, que soy sencilla y no me interesa el qué dirán, que lo relevante es que tú me quieras y ya.

Mi plan consistía en ser yo misma, con todos mis atributos, virtudes y defectos. Que supieras que no soy de las personas que se dejan dominar por los celos, que puedes ser, hacer y deshacer a tu antojo, siempre y cuando seas auténtico y no me hagas daño; siempre y cuando seas feliz. Tal era mi plan. Darle la mayor importancia a los detalles: dedicarte una canción de amor de vez en cuando, decirte “te amo” inesperadamente, visitarte en tu casa o en tu trabajo cuando menos te lo hubieras esperado. Pero las cosas salieron al contrario de como lqas había imaginado:

 

Te quise enamorar pero me equivoqué.

Fracasaron mis detalles, de nada sirvieron mis llamadas ni mis mensajes. ¿Será que te aburrí? ¿Acaso te aburrió que me interesara en ti, que me preocupara, que te preguntara si ya habías comido o si llegaste con bien a tu casa después del trabajo? ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Acaso te cansaste de mí, de mi presencia en tu vida?

Sí, te aburriste, pero lo hiciste porque te diste cuenta que yo valía la pena, que yo era una persona que se iba a preocupar por ti, que siempre estaría a tu lado cuando lo requirieras. Quizá te aburrió que soy una persona independiente, que no soy dependiente de nadie y que soy una persona segura de sí misma, que no soy desconfiada.

Te aburrió que no te celara, que siempre te diera los buenos días o las buenas noches. Te aburrió saber, estar seguro de que yo valgo la pena. Pero, si lo pienso bien, quizá no te aburrí…

Lo que pasó es que tuviste miedo.



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