¡Qué tan poquita cosa me sentí cuando descubrí la razón por la que me habías dejado! Ella, tu compañera de trabajo, la mujer que durante un par de meses fue mi dolor de cabeza por acercarse a ti con mil pretextos. La que te regalaba chocolates, te hacía insinuaciones y te invitaba a salir, a lo que tú siempre respondiste: “No puedo, tengo novia”, o al menos eso fue lo que a mí me contaste que dijiste.

Sí, lo acepto, aunque me duela en el alma lo reconozco, jugaste bien tus cartas, apostaste por “algo” mejor… Y lo lograste. Ganaste. Ella ganó. Ambos salieron triunfadores y me dejaron fuera del juego.

Lo sé, yo no soy ella, trabajo por mi propia cuenta, a veces tengo dinero y a veces no, ella tiene un trabajo estable, es exitosa, cosa que hace que sientas una gran admiración; eso que nunca pude causar en ti.

Yo no soy ella, no me visto a la moda, no suelo andar con el cabello planchado y en tacones todos los días, pues no son cómodos para el trabajo que desempeño. Me gustan, pero no soy fanática de ellos. Ahora entiendo el porqué de tu insistencia en que los usara. Pero creo que te fue más fácil cambiar de persona, que cambiar a una persona.

Yo no soy ni seré nunca ella.

Ella tiene unos años más que tú, cuenta con experiencia, ha vivido más y suele ser más sabia a la hora de tomar decisiones. Es madura, comprensiva, reflexiva e inteligente. Contrario a mí que soy una niña berrinchuda, caprichosa, impulsiva y en ocasiones tonta, que no mide las consecuencias de sus actos. Comete errores, falla una y otra vez. Soy terca y a veces testaruda. No soy perfecta, como la mujer que siempre pediste.

He caído muchas veces y ha sido más el tiempo que he pasado en el suelo intentando levantarme, en cambio a ella la vida se le ha dado fácil. Las oportunidades le brotan a cada paso como margaritas, mientras que yo me tengo que fletar día a día miles de broncas, de las cuales la mayoría de veces salgo airosa.

 

Ella es bonita, tiene muchas cualidades y a pesar de que andabas conmigo, cuando me contabas de ella siempre destacabas sus virtudes, sus logros en la vida, aunque según tú, no te interesaba en lo absoluto.

¿Sabes? Yo no soy ella y nunca podré llegar a serlo. Estoy segura que ella te puede ofrecer una mejor vida, una relación sana y feliz, más madura. Podrás aprender más de ella que de lo que aprendiste de mí.

Ella si congeniará con toda tu familia y amigos, será bienvenida en cada lugar a donde vayan. Sé que estarás orgulloso de llevarla de tu brazo y presentarla con todos.

Yo no soy ella y jamás me acercaré ni un poco a su forma de ser, pero en su momento algo te encantó de mí, algo te atrajo, te enganchó y te enamoró profundamente, y sé que a mi lado viviste momentos increíbles que jamás olvidarás. Sé que aprendiste cosas, al igual que yo y sé que muy en el fondo un día extrañarás algo de mí que ella no te podrá dar.

Yo no soy ella, pero algo sí te puedo garantizar y estoy 100% segura que en eso ella jamás me ganará:que te amé y que aún te amo mucho más de lo que ella te llegará a amar.

 

por : Beatris cruz



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