A lo largo del camino he aprendido que, inevitablemente, se vive de decepciones, al igual que se vive de alegrías. Lo peor de todo, es que las decepciones nunca las esperamos y tenemos que aprender a superarlas de la mejor manera posible, seguramente llorando o dejando que el paso del tiempo haga lo suyo ayudándonos a olvidar y de paso se lleve toda huella de dolor.

Aunque debo confesar que soy un poco rara, no me gusta el olvido, por más que he intentado ser amigable con él, nunca nos hemos llevado bien, de hecho, sinceramente, creo que no es amigo de ningún ser humano. No me gusta olvidar nada, a mí me gusta superar. Superar las decepciones que me han ocasionado las piedras que se han atravesado en mi camino, porque aunque me han causado dolor, irónicamente, es un dolor sano, porque me ha enseñado a abrir los ojos, a aprender en quién sí y en quién no debo confiar, a quién puedo darme y a quién no, me ha hecho darme cuenta quiénes serán las personas que, a pesar de todo, siempre estarán a mi lado.

Sí, debo ser extrañamente rara, porque cuando este dolor se aviva con todas sus fuerzas esperando que me rinda, esperando que haga lo que hace la mayoría de las personas: dejar pasar el tiempo y que éste se haga cargo del olvido, a mí me gusta reflexionar las circunstancias, guardar para mí los buenos momentos (porque seguro que los hay) y no arrepentirme de lo que viví con esa persona, pues si así ocurrió , fue porque así lo desee, y si no estuvo a mi altura, si no me correspondió como esperaba, utilizo la experiencia para madurar, aprender, rectificar, perdonar y seguir adelante, pero sobre todo, para no volver a cometer el mismo error.

uuuiiii

De verdad, puede haber tantas cosas detrás de una decepción, que, a veces, es imposible olvidarlas, por eso prefiero archivarlas, dejar registros en mi memoria para usarlos en casos de ser necesario. Eso sí, superando el “sabor amargo” que me dejó para poder dar paso a la normalidad en mi vida.

El pasado forma parte de mi historia y las decepciones, también, y aunque algunas veces he quedado con heridas en el corazón, no lo puedo borrar, pero lo que sí puedo, es aprender a superarlo, reconciliarme con él para que su recuerdo no me atormente. Indudablemente, algunas veces he elegido mal, pero aprendí la lección.

No estoy preparada para que no me vuelvan a decepcionar, para que rompan de nuevo mi confianza, para que alguien me muestre la peor versión de ella, por lo que hoy, sólo me queda confiar en mí misma y seguir mi intuición, porque aunque pocas, todavía existen personas verdaderas que encontrar en mi camino.

No me gusta fingir que he olvidado. Yo no olvido… simplemente supero.

Autor: Karla Galleta

 



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