Hoy han retumbado en mí, un montón de tontas excusas que, aunque intento, no han logrado salir de mi cabeza. Es increíble como alguien hace  hasta lo imposible por obtenerte, pero como todo niño que obtiene su juguete favorito, después ya no lo quiere.

¨Es que tengo miedo¨, ¨es que te voy a lastimar¨, ¨es que no va a funcionar¨, ¨es que necesito tiempo¨, ¨es que aún no estoy preparado¨, ¡es que eres un niño versión ¨hombre¨ que aún no ha madurado! Esa es tu realidad. No me queda más que pensar que ¨el amor¨ que tanto me decías profesar, en realidad era falsedad, porque si bien es cierto, cuando se ama de verdad se lucha hasta el final (evidentemente el final es uno feliz, no uno en el que una de las partes queda con el corazón roto, así como ha quedado el mío).

Siempre he pensado que el amor o es blanco o es negro, pero nunca se debe mezclar para obtener un color gris, simplemente es o no es, no debe tener intermedios, aunque actualmente tristemente muchos juegan al ¨hoy te quiero pero mañana tal vez no¨. Amar de verdad implica aventarse desde las alturas y no tener miedo a caer, o si se tiene miedo, aun así arrojarse. Es tener coraje y agallas, ser valiente, terco y persistente. Es abordar el tren sin importar lo que te espera arriba de él y aunque no sea tan perfecto, no tomar la decisión de bajarte en la primera estación. Es entregar sin esperar recibir, más bien luchar y trabajar por merecerte todo lo que desees. Es sujetar una mano y no soltarla, sin importar los baches que pudiesen atravesar. Es ser constante y por más difícil la situación, es no rendirte jamás.

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Por ello, es que he determinado que lo tuyo hacia mí no ha sido amor, ni verdadero ni sincero. Terminaste siendo precisamente el tipo de hombre al que tanto le huía, esos tan ¨inteligentes¨ para hacer que te eleves al cielo y cuando estás tan seguro de que permanecerás ahí, te deja caer sin ningún remordimiento en un pestañeo. Eres de esos que, un día aman sintiendo que ya no se puede amar más y al siguiente día haces que uno dude de su existencia, nuestra cruel realidad. Fuiste todo lo contrario a lo que yo esperaba del amor, porque ni mis múltiples intentos por lograr quedarme en tu corazón, te dieron la valentía y el coraje de aceptar vivir lo que sentías, porque sé que llegaste a sentir, lo triste fue que te acobardaste y decidiste huir.

No conforme con ello te volviste egoísta, te has mantenido justo en medio de la puerta… estorbando, uno: porque muy a pesar de ti te gusta sentirte amado y valorado, pero aterra enamorarte, entregarte por completo y quedarte a mi lado, y dos: porque temes que alguien pueda ocupar tu lugar, ese lugar tan especial que te he dado en mi vida y mi corazón ¡anda, dilo ya! Es por ello que no te quedas ni te vas, te aterra la idea de que a mi vida llegue alguien más pero ni como reconsiderar el darte una oportunidad de amar, ¿verdad?

Y entonces pides lo que no mereces: tiempo.  Sin embargo, he aprendido que la vida se vive hoy como si no existiera un mañana, se disfruta cada momento porque efectivamente ni siquiera tenemos la certeza de que en verdad tendremos un día más para vivir. Tu sólo sabes pedir y recibir, pero apenas puedes dar un poco de ti. Siempre con restricciones y justo cuando creo que voy logrando un poco más, tu tonto argumento es un ¨no es el momento, debemos esperar¨.

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Y vuelve a mí la pregunta: ¿existe un momento ¨perfecto¨ para el amor? O es que acaso son puras tonterías que han inventado los cobardes, los que no se deciden ni arriesgan a amar por miedo a fracasar, pero con no intentarlo ya han fracasado. Lamentablemente cada vez son más los que temen querer, cada vez son más los corazones rotos, las lágrimas a causa del desamor, cada vez hay más traición, ¿en dónde vamos dejando la magia del amor?

Sigo esperando el día en que te pongas a pensar si conocernos fue o no casualidad, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir, ¡atrévete a vivir!

Quisiera poder descifrar de una maldita vez quien fue lección para quien, si yo para ti o tu para mí. Trato de ser fuerte, de aferrarme a ti, a que un día te decidirás a ser feliz y busco fuerzas donde ya ni siquiera quedan pero me pregunto ¿para qué? si finalmente quien no se decide a jugársela eres tú, para qué rasgar mi corazón un poco más, para que pagar un precio tan alto si al final te irás. Más bien debo aceptar que no he querido soltarte, aun no sé cómo hacerlo.

Y es que ¿cómo renunciar a alguien en quien pienso todo el día? ¿Cómo dejar ir precisamente a la única persona que pone feliz mi corazón pero que al siguiente día lo hace trizas? ¿Cómo? ¿Cómo se renuncia a lo que amas y se continúa como si nada hubiese pasado? Sigo sin encontrar respuestas y si, con ellas me sigo atormentando. Sigo pensando que lo tuvimos todo, incluso sé que era nuestro momento, pero también sé que hemos sido el amor equivocado y es que una persona que ama mucho con una que no sabe amar o al menos no se arriesga a intentar, jamás será una buena combinación, hoy lo sé yo.

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Y sigo por ahí divulgando que lo tuvimos todo para ser felices, sigo por ahí diciendo que, no hubiese importado el tiempo que hubiera durado, sé que días, meses o años, habría valido la pena, pero, no quisiste intentarlo. En fin, creo que ya da exactamente igual y es que la vida nos dio tantos motivos y razones, tantas oportunidades para ser felices, lo triste fue que no quisiste y con ello no hay mucho que yo pueda hacer. Por mi parte siempre hubo amor, deseo y disposición, en cambio por la tuya no hubo nada. Tiempo perfecto o no, sólo debimos aceptarlo y vivirlo, pero fuimos el amor equivocado y aunque duele he decidido soltarte, marcharme de tu lado, empujarte de tu intermitencia y cerrarte para siempre la puerta, sé que al hacerlo algo mejor para mí vendrá. Esto es por mí, porque me quiero y merezco ser feliz.

El amor llega sin previo aviso, nunca esperes un tiempo perfecto, créeme, cuando menos lo esperes estará tocando las puertas de tu corazón y cuándo eso suceda ¡déjalo entrar! Permítete vivirlo, sentirlo, valóralo y cuídalo, no todos tenemos la dicha de amar y ser amados, no renuncies a él por cobarde, ¡juégatela! Y entonces sabrás lo que es vivir de verdad.

Autor: Stepha Salcas



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