Ahora puedo recordar sin dolor el día en que te fuiste argumentando cosas tontas. Dándome palabras vacías y huecas y fingiendo sentimientos, ¡todos falsos! Tan falsos como el amor que decías profesarme y tan falso como aquellas promesas que por supuesto jamás cumpliste. No he de negar que al principio dolió mucho y pensé que no lograría superarte. Pensé que me quedaría estancada viviendo en tinieblas, llorando en las cuatro paredes de mi habitación, suplicándote a diario amor. Para ti no fue suficiente que depositara en ti todo mi amor, mi confianza, mis sueños, mi cariño, mi tiempo y todas mis ilusiones. Me hice falsas esperanzas con un futuro que para ti era claro no existía, no existía porque tu ibas construyendo proyectos y planes en los que tristemente no cabía yo, todo mundo lo sabía, todo mundo excepto yo.

Y, sin embargo, después de tanto, de consumirme poco a poco con la tristeza que dejaste con tu partida, pude renacer de las cenizas, pude lograr ponerme de pie, ¡sin ti ha sido como volver a nacer! El camino fue complicado y me tomó mucho tiempo asimilar las cosas, tuve que aislarme, tuve que pasarme horas encerrada en mi habitación y reflexionar sobre todo aquello que hice mal, mi peor error fue no amarme como te amé a ti. Pero logré entender que hay vida después de ti y todos los de mi alrededor ayudaron en gran medida a lograr sentirme bien. Pude darme cuenta que no estoy sola, simplemente debía darme cuenta que mi mundo no giraba a tu alrededor. Necesitaba darme un tiempo, curarme poco a poco las heridas y recuperar toda aquella seguridad y confianza que perdí, que perdí gracias a ti.

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Hoy mi vida toma un nuevo rumbo. Ahora me encuentro más firme, más estable, más contenta. He podido ver lo valiosa que soy y la capacidad que tengo, no solo para amar, sino para ponerme de pie cuantas veces me he de caer. Soy una mujer exitosa a quien definitivamente no le es indispensable un hombre a su lado para ser feliz, hoy lo veo así y es que ahora valoro todos mis esfuerzos para estar en donde estoy. Ahora sé que puedo llegar tan lejos me lo proponga y puedo vencer cualquier obstáculo. Bastaba reconocerme como la mujer completa y auto-suficiente que soy.

Y es que tú me mantenías cegada. Agrandabas mis defectos y recalcabas mis fallos. Me hacías acomplejarme y me convencías de que nadie me habría de querer y aceptar, al menos no como según tú lo hacías y todo era producto de tu maldito egoísmo, todo era consecuencia de tu miedo a que me fuera de tu lado. No me querías para ti, pero tampoco me querías dejar ir. Cortabas mis alas solo porque a ti no te gustaba volar, te gustaba estancarte en una zona de confort y no salir de ahí hasta aburrirte o hasta encontrar a un nuevo juguete que te atrajera más. ¡Nunca me supiste valorar! Y lo peor fue que yo misma no me valoré el tiempo que te amé.

Sé que nunca es bueno arrepentirse de las decisiones que uno toma, porque al final del día todas son experiencias y aprendizajes, pero a ti te di de más, inclusive todo aquello que no habrías de merecer. Te di todo y me quedé sin nada y aun así no me importaba, continuaba inventando y buscando que darte, todo por el afán de continuar teniéndote a mi lado. Y hoy, vuelvo a ser la que una vez fui, pero una versión más nueva y muchísimo mejor, más completa.

Y si tiempo invertido fue tiempo perdido ya no habré de lamentarme. Pues a tu lado terminé aprendiendo lo que definitivamente no quiero de un hombre, lo que ya nunca más buscaré en el amor. Gracias a todo lo vivido es que hoy soy de acero, más fuerte e indestructible. Terminaste rompiéndome por completo que ahora tengo la certeza de que a partir de hoy cualquier dolor serán solo rasguños. ¡Ya no habré de quebrarme más! Y es que a diario me despierto con la firme convicción de esforzarme por ser mejor. De realizarme, de llegar tan lejos como lo soñé. De viajar, de conocer, de experimentar y volverme a caer (pues sé que las caídas son las mejores lecciones de vida).

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Hoy ya no me asusta más la soledad ni el tiempo. Una se ha vuelto mi mejor amiga y el otro mi mejor doctor. Ahora me mantengo firme con la creencia del amor propio (primero yo, después yo y al final yo). Y aunque para ti suene ridículo estoy muy orgullosa de mi y de todo lo que he logrado sin ti. He dejado de ser la niñita inmadura de la que fingiste haberte enamorado. Aquella con los sentimientos más nobles e ingenuos que nunca te debieron pertenecer. Ahora soy toda una mujer que sabe hacia dónde se dirige, que da pasos más firmes y que si de algo está segura es que ya no desea que vuelvas más.

Terminaste por comprobarme que no, no eres igual a todos, ¡eres mucho peor! No te gusta volar y por eso cortas las alas. No permites que nadie logre más que tú. Pretendes recibir y recibir, pero nunca das y apenas vas sintiendo huyes y lastimas como todo un patán. Te es suficiente aceptar lo primero que te ofrecen, te conformas, pero ¡sabes! Eso contigo va bien, lo ¨fácil¨ a ti te va bien.

De mi parte puedo asegurarte que no hay rencores, pero tampoco amor. Todo lo que alguna vez fue ¡se acabó! Estoy feliz con lo que tengo y lo que soy. Con lo que poco a poco voy logrando y construyendo, los éxitos que voy teniendo. Ahora inclusive puedo decir que disfruto mis derrotas, me permito caer porque eso me hace levantarme con más fuerzas. Y sé que si volvieras terminarías por marcharte, porque te darías cuenta que nuevamente no mereces una mujer como yo, una mujer completa, ¡una mujer que no es del montón!

Y para despedirme me gustaría aclararte, fueron las últimas palabras que te dediqué, no espero que sientas algo, inclusive ni siquiera deseo que regreses.

Porque si vuelves esta ves seré yo la que diga que no le interesa andar con un inmaduro como tú. Tan solo te habré de dar las gracias porque a consecuencia de todas tus falsas ilusiones y esperanzas, de dejarme rota y tirada me puse de pie, con más fuerza, con más ganas, convirtiéndome en toda una mujer, una totalmente a la que fui, una que ya no te ama más, que solo tiene amor para si misma.

Autor: Stepha Salcas



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