Te las pegas de muy cabrón buscándola y endulzándole el oído con falsas promesas que no habrás de cumplir y estúpidas palabras que en realidad no sientes. La hechizas, la devoras y la convences con esa mirada que tienes. La envuelves en tus encantos y le muestras tu mundo, la haces sentir parte y todo para qué si no la miras en tu futuro. La llenas de palabras, de llamadas, de mensajes tiernos y dulces. La haces sentir especial, pero, ¿le has dicho que no te pretendes quedar? Entonces ¿Qué pretendes? ¿Por qué te aferras a quererla conquistar? Para que la quieres si en tu mundo solo por un rato la has de dejar estar. ¿Para qué?

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¿Acaso se siente bien enamorarla y dejarla? ¿Crees que eso te hará más hombre? Y si es así, estás en un gran error pues eres precisamente todo lo contrario, pues un hombre de verdad no habrá de ilusionar a una mujer si no tiene la intención de amarla.

Y entonces me pregunto ¿para qué la provocas y la seduces de esa manera? Si en tu cama tan sólo será una más… una más con la que te acuestas, una más a la que le das falsas caricias y promesas, una más a la que elevas y apenas te aburras la habrás de dejar. Una más que se entregará porque te ama, y mientras tú con ella tendrás simple sexo, ella te hará el amor, ¿Qué crees que se siente entregarle la piel a un perdedor?

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Por ahora atiendas sus llamados y la buscas a diario pero no le dices que tarde o temprano te habrás de enfadar y a sus llamados dejaras de contestar. No eres lo suficientemente hombre para confesarle que en realidad, ella no te gusta tanto, no lo suficiente para quererte estacionar. Y no, no hay nada de malo en ella, todo lo malo está en ti, no creces, no maduras y no sabes amar. Y aun así la haces sentir única pero es una más de tu larga lista de ilusas, una más a la que enamoras y usas y que desechas apenas te pasa la sensación como quien tiene un nuevo juguete y después de un tiempo pierde la diversión.

¿Por qué no te a sinceras y le confiesas que estás jugando? A algunas mujeres también les gusta jugar, incluso en ocasiones se saben divierten aún más cuando tienen claro que no se deben enamorar. ¡Demuestra que los tienes bien puestos! Deja de jugar al amor y pretender ser siempre el ganador. ¡Deja tanto egoísmo de lado! Ella no es el problema, el problema eres tú que no mereces lo que ella te entrega.

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Eres tan egoísta que sólo piensas en ti pero no en quien habrás de herir. Huyes del compromiso y a pesar de tu edad sigues pensando estúpidamente que lo único que importa es el placer carnal. Ignoras cuanto ofrece el amor simple y sencillamente porque nunca has dado la oportunidad de que te amen y te enseñen a hacerlo. No te permites sentir, tú sólo sabes de herir y huir. Ella no te llena lo suficiente como para poderte estacionar, pero entonces aun así no le hablas con la verdad, ¡dile ya! Dile que no te pretendes quedar, que sólo estas de visita en su vida y apenas obtengas lo que buscas te irás.

Déjala de hacerla sentir como lo mejor del universo, no la ilusiones, no la lastimes y no la rompas. Deja de pegártelas de Don Juan. ¡Madura! Y entiende que no todo lo que pasa tan fácilmente se puede olvidar. Ella habrá de llorar tu partida, te buscará y te llamará, te dirá que te extraña, que te quiere y te necesita, ¿de verdad es necesario recurrir a lastimar? ¿De verdad tus cargos de conciencia te dejaran dormir en paz?

Ninguna mujer es una muñeca con la cual pueden jugar. Tampoco son un trofeo y todo en su debido momento se habrá de regresar. Quien la hace hoy, la paga mañana. ¿En verdad vale la pena no hacer las cosas bien por un momento de placer?

Y si no los tienes bien puestos, entonces déjala libre, ¡suéltala! Permítele encontrar a un hombre de verdad, uno que la sepa valorar y la quiera amar y cuando lo encuentre, ¡desaparécete!, no la busques más, no irrumpas su felicidad y tranquilidad, tu nunca mereciste ni su amor ni sus lágrimas, mucho menos ahora su perdón… déjala al lado de quien la hace feliz, ese que supo llenar perfectamente un lugar que un perdedor como tú, nunca debió tener.

 

Autor: Stepha Salcas

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