(No acepté ser la mujer con la que tendrías encuentros sexuales esporádicos, no porque no quisiera sino porque me entristeció que te conformaras con tan poco y que supusieras que solo podría ofrecerte eso)

Todo lo que escribiré a continuación es un brevísimo resumen de lo que ya he platicado conmigo misma, o más bien son los diálogos internos que tengo en mi mente y como en estás pláticas se habla mucho de ti, me preguntaba ¿porque no hacerlo de manera formal?

En el tiempo que salimos, incluso los primeros días me di cuenta que contigo podría quitarme ese escudo que siempre cargo, y es que da un miedo terrible la posibilidad de que alguien se enamoré de mí.  (Por ese lado te entiendo)  Cuando empezó todo me sentí totalmente yo, me sentí bonita, me sentía especial.

Nunca intenté impresionarte, sino al contrario me gusto que te gustara como era.

Cantar muy fuerte en el auto camino a mi casa, bailar hasta que me dolieran los pies y platicar hasta el amanecer.

 

 Yo sabía que yo te gustaba también, pero no quería ser yo quien tuviera la iniciativa de decirte, “Me encantas”.  Tengo bastante iniciativa, tanta que a veces me llega asustar.

No quisiera concentrarme en lo que soy, porque tú me conoces de sobra, sabes lo sentimental que soy, aun en mis intentos fallidos por demostrar lo contrario.  Al menos, a ti nunca te convencí del todo.  Por lo anterior, me justificaría con que todos tenemos una excepción al grado de que ante esa persona somos totalmente transparentes.

El tiempo en el que salimos debo reconocer que tenía muchísimo tiempo que no me sentía feliz, tampoco quiero decir que me alegraste la vida y que mi vida era triste, porque de hecho siempre he sido muy alegre, y feliz también.

A la felicidad que me refiero es a la felicidad que no me la puede proporcionar un amigo o algún familiar.

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Era otra clase de felicidad, de ver tus ojos como me miraban, de abrazarte y olerte.  Era la combinación de simplicidades que a esta edad, realmente satisfacen un corazón tan apático como el mío.

Una noche me dijiste que querías una novia como yo, eso siempre me confundió. ¿Por qué hay personas como tú  que estandarizan  a una pareja ideal y cuando la tienen enfrente les da miedo?

No acepté ser la mujer con la que tendrías encuentros sexuales esporádicos, no porque no quisiera sino porque me entristeció que te conformaras con tan poco y que supusieras que solo podría ofrecerte eso. Pude aceptar y conformarme, pero cariño mío, yo no merezco las migajas de alguien que se limita a lo fácil y fue en este punto como me di cuenta que la química, ni que me estimularas intelectualmente es suficiente.

Eres esa historia pequeña que aun cuento y me enchina la piel.  Después de todo sigo recolectando historias, como siempre lo he hecho, como siempre hago.

Por: Ale Huerta



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