Algunas personas piensan que amar es cosa sencilla, que no requiere mucho esfuerzo, pero aquellos que hayan amado de verdad dirán que esto no es cierto, que para amar se necesita mucha dedicación y constancia. Claro, amar requiere de espontaneidad y de esa magia que no podemos controlar, pero también es un riesgo y, como un sabio dijo alguna vez: “para amar hay que ser valiente”. Un espíritu cobarde no puede amar porque no tiene la osadía de luchar por la persona que ama, ni se atreve a ser mejor cada día. Sólo los espíritus valientes saben que al amar hay riesgos, pero que una vez superados los beneficios del amor son muy grandes.

No todas las personas experimentan el amor de la misma manera. Para algunos, amar es algo sublime, pero para otros es un martirio, porque no están preparados para entregarse y están temerosos de salir dañados. Por eso es que el amor es cosa de valientes, porque se requieren muchas agallas para dar amor sin pedir nada a cambio, para amar sin miedos y sin medias tintas, para amar completamente y sin pretextos.

En el amor no hay garantías de nada. Tú puedes entregarte pero no sabes lo que obtendrás; nada te asegura que la otra persona te amará así como tú la amas. Eso, desde luego, genera dudas, miedo y confusión. Por eso es que se necesita de mucho valor para amar, pues sólo el valiente sabe que nada es gratis y que tiene que ganarse el amor del otro con esfuerzo. Y una vez que se ha ganado el amor del otro, hay que saber mantenerlo, para evitar que se apague la llama y el amor se extinga. En el camino habrá muchas caídas y te llevarás uno que otro golpe (hablando metafóricamente), pero las recompensas son enormes y vale la pena luchar por ello.

Y es que no es lo mismo querer que amar. Querer es más sencillo, no te exige tanto; la mayoría de nosotros somos capaces de sentir cariño por una persona sin que nos esforcemos demasiado. Pero amar de verdad y luchar con todas tus fuerzas por ese amor, ya es otra cosa. El cariño es cómodo, sin dificultades y muchas veces interesado; en cambio, el amor es desinteresado, difícil y exige compromiso de parte del que ama.

Si deseas un amor verdadero, tienes que apostar al 100% y jugar con todas tus armas. Y, sobre todo, tienes que vencer ese miedo a la pérdida, porque el que no teme perder puede ganarlo todo. Imagínate qué agobio sería saber que se te fue una gran oportunidad de conseguir un amor verdadero solamente porque tuviste miedo y no te arriesgaste a ir y luchar por él.

El miedo te puede marchitar y hacer que tu corazón se vuelva cobarde, y si te acostumbras a tener miedo vivirás desaprovechando las oportunidades que la vida te presenta para ser feliz. Y peor aún, si consigues tener una relación y entras en ella con miedo, pronto te encontrarás con la mentira y la traición, porque un amor que tiene miedo nunca puede conseguir lealtad ni honestidad.

Cada quien es arquitecto de su propio destino y se labra su propia felicidad. Yo quiero tener un amor libre y valiente, sin temores de ningún tipo, que asuma el riesgo de amar con todas sus consecuencias, y por eso voy a luchar para ganármelo.

“Porque al final importa una mierda si las cosas no salen como queremos, porque vale más tener cicatriz por valiente, que piel intacta por cobarde”.

 



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