No puedo negar que tu nuevo mensaje me ha caído como un balde de agua helada. No por la emoción ¡no te confundas! A sido tu cinismo para pretender que yo a tu lado habría de volver. A decir verdad, no me sorprende el que vuelvas, y es que ¨quien se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado¨, ahora lo he confirmado.

Creo poder entender tu regreso, no me pudiste olvidar con sus besos ¿cierto? No te cumplió todo lo que te prometió. No logró igualarme y en el quererte no pudo superarme. No fue capaz de hacerte superarme, de que al pasado tu llegaras a mandarme. Y me has hecho ver que incluso estando con ella nunca dejaste de pensarme.

Y entonces supones que he de comprender y que en mis brazos volveré a aceptarte otra vez.

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Y no logro entender como alguien rompe y pisotea un corazón en el que está y lo tira a la basura, así sin más y un día de la nada decidí que lo desea recuperar y hacer como si nada hubiese pasado, hacer como si nunca hubiese hecho daño, como si el mismo corazón pudiera seguir intacto.

Sabes… no fue fácil recoger los pedazos de aquel corazón y armarlo nuevamente. Creo que si hubieses vuelto antes no hubiese tenido la fuerza suficiente y te hubiera aceptado otra vez. Pero ¿Para quién hubiese sido sano? Para mí al menos no. Tan solo te hubiese aceptado por vulnerabilidad, por miedo a la soledad y si, quizás también por amor. Pero a la larga no hubiese sido nada fácil recordar aquella traición.

Ahora debo agradecerte precisamente que no volvieras en aquel tiempo, aquel en el que me reconstruía de a poco y es que hubieses estropeado todo, mi corazón de nuevo hubieses roto. Estoy convencida de que las personas no cambian, solo se disfrazan por un tiempo y yo ya te conocía a la perfección ese juego. Así que te agradezco que te hayas retrasado, ¡mírame! Continúo de pie; más segura, más fuerte y más feliz como a tu lado nunca se me llegó a ver.

La verdad es que tu partida me enseñó suficiente. No se debe retener a ningún corazón, mucho menos a uno que no te quiere. No se le debe atribuir tu felicidad a alguien más cuando esa se encuentra en uno mismo. Quien ama y no es correspondido no se debe dejar hundir en un abismo. ¡No porque hay personas que definitivamente no merecen tanto amor! Y amarte como te amé fue única y exclusivamente mi error.

Debí ser yo quien te abandonara a las primeras señales de tu desamor. Pero quise arriesgarme, quise dar todo, porque siempre pensé que por amor se debía resistir un poco más, pero ¿a qué grado?, no valió la pena perder mi dignidad. Y sin embargo persistí y aunque perdí, me queda la satisfacción de que yo si te amé, te amé con todo mi ser, como nunca te han de amar y como probablemente no lo has de merecer. Perdoné una y otra vez tus fallos. Viví esperanzada a que aquellas promesas en algún momento las cumplieras, pero nunca fue así, todo lo que prometías era de dientes para afuera. Tu solo herías, solo mentías, solo querías a tu conveniencia.

Y con marcharte me hiciste un favor, sin ti, pero conmigo misma y así, aprendí la lección.

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Aprendí a aceptarme, a quererme inclusive con mis defectos, trabajé con mis miedos. Me reconstruí de nuevo y me puse de pie. Aprendí a tener más seguridad en mi persona, a que primero soy yo y después los demás (porque nadie hará por mí lo que yo misma no haga), a cuidarme, consentirme, a respetarme. Y si, volví a experimentar una y otra vez, me caí un par de veces, pero me levanté otra vez. ¡No volví a romperme! Mi mundo se estabilizó. Ahora ya no gira más entorno a ti ni a nadie, nadie que no sea yo. Tengo unas ganas inmensas de seguir aprendiendo, de seguir creciendo y explorando y porque no, de volver a amar. Pero no a ti, ya no.

A ti ya no porque sería repetir errores. Además, pienso que las personas pasan por una razón poderosa por nuestra vida, tú ya me enseñaste lo que me tenías que enseñar. Nada te debo y nada me debes. Ahorita lo único que deseo es continuar con mi tranquilidad y mi paz. Deseo continuar compartiendo mi tiempo y mis momentos con aquellas personas que están a mi alrededor, aquellas que sin quererlo y que poco a poco sanaron mi corazón.

Debes saber que leer tu mensaje no me trajo ninguna emoción. Más bien creo que lo único que sentí fue decepción. Te fuiste con una sonrisa como anunciando victoria y hoy vuelves arrepentido y derrotado después de haber estado en la gloria. Y solo me dejas ver, que al final siempre obtenemos lo que habremos de merecer.

No te odio y no hay resentimientos de mi parte. No por ti, sino por mí. Porque, aunque me costó mucho logré liberarme. Sí, me liberé de los recuerdos, de los sentimientos y de todos los pensamientos, todos los que te involucraban a ti. Y después de tanto hoy me siento y soy realmente feliz.

En algún momento querré volverme a enamorar, pero no de ti, tú ya tuviste y perdiste tu oportunidad. Yo quiero un hombre seguro de sí mismo y de lo que quiere, que me valore desde el inicio y que nunca me sienta segura a pesar de que ya me tiene.

Algún día entregaré aquel corazón que te perteneció, !no tengo prisas! todo a su tiempo y la respuesta a tu pregunta definitivamente es ¡NO! Sé feliz, yo ya lo soy. Sin ti, pero conmigo, y eso, eso es mucho mejor.

Autor: Stepha Salcas



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