La vida se conforma de momentos, de etapas, de ciclos e instantes. Hoy me ha tocado cerrar un hermoso ciclo, mi ciclo contigo. Hoy he aprendido que a veces rendirse y decir adiós, puede resultar la mejor decisión. Que no importa que quizás no te vuelva a ver, quizás va a doler pero tú continuarás en mí ser como un hermoso recuerdo que mil noches me hizo estremecer.

Al cierre de este ciclo pude ver que para avanzar no es necesario olvidar lo acontecido, sino analizarlo, resolverlo y soltarlo. Es importante aprender a perdonar, y aunque debo reconocer que no me ha resultado tan fácil hacerlo, sé que el tiempo me ayudará. Y es que una parte de ti siempre me pertenecerá y una parte de mí siempre te pertenecerá.

Dejar atrás tantos recuerdos es una tarea muy difícil, por eso he decidido empacarlos y llevarlos junto conmigo. Inclusive aquellos sueños de permanecer unidos, formar una familia y un hogar, despertar a tu lado y aquellas vacaciones de las cuales nunca pudimos juntos disfrutar. Sé que son recuerdos que dolieron y mucho, no lo he de negar. Recuerdos que me hicieron quebrarme cuando estuve consiente que jamás se iban a poder realizar. Ésta vez no te culparé a ti, ni me culparé a mí, simplemente diré que las circunstancias no nos favorecieron. Quizás aún éramos demasiado pequeños, no lo sé. Tampoco sé si pude haber hecho más, solo sé que todo el amor hacia ti, no fue suficiente para dejarlo todo e ir tras de ti.

Y es que tal vez lo nuestro era conocernos pero no estar juntos

Creo que en este término de ciclo no está de más mencionar que éramos muy distintos. Tu alguien sumamente paciente y yo toda una salvaje. Muchas veces un tanto distante, otras sumamente sensible al grado de desesperarme. Misterioso y muy afectivo. Yo a veces muy fría y comunicativa hasta por los codos. Eres alguien un tanto difícil de amar y es que sin justificar quizás algunas situaciones o vivencias te llevaron a actuar y reaccionar conmigo como nadie se lo hubiese podido imaginar. Aun así, no intenté cambiarte. Te acepté y quise tratar de mejorarte, hacer de ti una versión aún mucho mejor, pero fue rechazada mi petición.

Y aun con todo ello traté de encontrar un equilibrio entre tu persona y la mía. Un punto medio que nos permitiera continuar. Hasta que descubrí que lo mejor era quererte pero teniéndote lejos de mí. Porque continuar así solo hubiese sido un desgaste, uno muy innecesario que nos hubiese terminado acabando.

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Y te he de confesar que aun te extraño, pero ya no te necesito más a mi lado. Llegué al punto de no insistir más con escuchar tu voz, aquella necesidad de sentir tu amor, de saber de ti y de todo lo que acontecía a tu alrededor. Y es que me resultaría bastante fácil hacer una lista de todo lo que no salió bien entre nosotros, quizás por eso me ha resultado más fácil el rendirme. Puede ser tal vez tu falta de sinceridad para hablarme con la verdad inclusive cuando yo te aseguraba que nada de lo que me dijeras me haría cambiar. Puede ser también tu falta de tiempo para mí y esa forma tan poco ¨sutil¨ de sacar una y otra vez nuestro pasado, lastimándonos cuando eso era algo que ya precisamente había pasado y que nada tenía que ver con nosotros. O tal vez también fue mi manera de ser, de entregarme completamente y de ofrecerte una vida y un futuro a mi lado sin limitaciones, mismas que no supiste apreciar ni valorar.

¡Fuimos ambos! Mientras tú no supiste aceptarme con mis locas ideas, yo no supe entender tú sin fin de problemas.

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Hoy puedo ver que más que nada nos quedaron anhelos. Esos de tomarnos de la mano, de despertar abrazados, de hacer el amor hasta el amanecer, de salir a bailar y tomarnos juntos un primer café. Y no queda más que lamentarnos por lo que pudo ser y no fue. Y es que estoy segura que esta pudo haber sido la historia de un amor tan intenso, pero tus actos la terminaron antes de que comenzara.

Y no me queda la menor duda que decir adiós ha resultado lo más sano para los dos. De un tiempo a la fecha lo único que había era dolor. El interés se fue esfumando junto con las risas. Los sueños y los planes se fueron muy a prisa y la distancia cada vez se veía más infinita.

Después de tantas verdades que salieron a la luz, puedo confesarte que me quedo con una enorme interrogante: ¿qué es lo que realmente querías de mí? ¿A mí? Y es que si algo tengo presente es que aunque decías quererme en tu vida, no hiciste mucho por mantenerme en ella. No demostraste con actos amarme y aquellas palabras se las llevó el más ligero viento. Muchas veces me demostraste que yo era más que nada solo un juego, un juego de dramas y trampas en las que me enredaba y se me dificultaba tomar una decisión, hasta que decir –adiós- fue mi única y mejor opción.

Terminé rendida y cansada. Cansada de luchar por algo que como mal había empezado, a terminar mal estaba destinado. Y así un buen día empaqué; lo mucho o poco que a tu lado formé y me marché. Consciente de que quizás nunca más te volvería a ver, pero decidida a continuar y levantarme… sin ti ésta vez.

Cuando una mujer se enamora perdidamente de un hombre, la única persona capaz de arruinar ese amor, es ese mismo hombre.

Autor: Stepha Salcas



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