Lo cierto es que nunca pude ser una chica normal, jamás fue importante para mi  ser la dama perfecta, con el peso correcto, o el outfit perfecto, nunca me importo demasiado entrar en el molde de la chica común, esa que se preocupa por estar al último grito de la moda, ni sobresalir de la multitud.

Con el tiempo comencé a acostumbrarme a que las personas me dijeran que soy rara, y aprendí a estar en paz con mi personalidad, siempre tuve muy claro que me gustaba ser yo con todo y mis defectos, con todos y mis demonios que a veces se ponían inquietos.

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En el amor, la verdad es que nunca tuve mucha suerte, los chicos de estos tiempos prefieren salir con otro tipo de chicas, más sociables, más atractivas, más llamativas; y no, no es que yo fuera una chica gris, por el contrario, mi locura y mi rareza saltaba a la vista y eso a veces les resultaba un  poco incómodo.

Sin embargo, un día cualquiera, él se acercó a mí, me miró fijamente a los ojos, y  me invito a salir, yo un poco asustada lo rechace pensando que alguien como él no se fijaría en serio en mí. Se veía tan igual a todos, y obviamente tan distinto a mí.

Pensé que bastaría un no para que se alejara, pero insistió tanto que termine por aceptar salir. Puedo decir que al principio me pareció una pérdida de tiempo estar ahí, pero al escucharlo hablar entendí que era distinto a lo que aparentaba, que había mucho más en él de lo que antes vi.

Con los días. el trato se hizo más estrecho, poco a poco deje de tener miedo y pude con soltura hablarle de mis planes y sueños, de mis ideas, de mis locuras, de mis proyectos; fue sorprendente descubrir que sus planes no estaban tan alejados de los míos, él también tenía sueños, miedos, inseguridades y defectos.

Poco tiempo después, en el momento más inesperado, él se atrevió a besar mis labios, y aunque dude por un momento, respondí a su beso. Tengo que admitir que el momento fue perfecto.

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.- Me gustas, me dijo…

Me quede callada, pero con un montón de mariposas revoloteando en mi interior, contenta de saber que al tampoco le gustaba lo común, y que ahí entre todos sus gustos raros, estaba yo.

Escrito por:    Señorita Libélula.

 

 

 

 



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