Tengo que admitir  que nos conocimos en un mal momento, yo tan ingenua, tú tan roto, lleno de rencores por ese pasado junto a ella,  a la que creías que era la mujer de tu vida y sin embargo, un día cualquiera te rompió las ilusiones, te lastimó, poco le importo todo y después se marchó.

Recuerdo que me decías que yo había parecido como un golpe de suerte en tu vida, que fui esa sonrisa que te rescato de la agonía; yo me creí la historia de que podría  rescatarte de todo ese dolor,   que podría hacerte olvidar las angustias, las traiciones, y que el día menos pensado, quedaría atrás ese pasado que tanto daño te causó.

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Pasamos increíbles momentos, sonrisas, locuras, creamos increíbles recuerdos que nunca se borrarán, y así, poco a poco y sin darme cuenta me enamoré de ti, sin la mínima precaución, confiando ciegamente en tus abrazos, en esos besos que me decían que lo mismo te pasaba a ti.

Y sin embargo, el día menos pensado, ese mundo que habíamos creado para los dos, se derrumbó; recibiste una llamada de ella que te transformó, algo cambió en tu mirada, ella despertó los fantasmas de ese  viejo y lastimoso amor.

Desde entonces todo cambió, dejaste de buscar mi mirada entre la gente, mi sonrisa dejó de ser tu golpe de suerte, y mis besos tu inspiración.

El cambio fue drástico, y al final mataste de un solo golpe todo el amor, cometiste la peor de las bajezas al regresar con ella sin importarte lo que sintiera yo.

Ahora comprendo que nunca fui un golpe de suerte como decías tú, fui tan solo la válvula de escape de un mal amor, ese con el que a pesar de todo vuelves a arriesgarte, a darle todo el cariño que esperaba  recibir yo.

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Lo que más me duele es esa certeza de que te volverá a hacer sufrir, ya lo ha hecho antes, puedes estar seguro que la historia se va a repetir.

La única diferencia, es  que cuando eso ocurra, yo ya no estaré para ti.

Escrito por:    Señorita Libélula.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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