Los días han pasando veloces, pero silenciosos. La melancolía suele inundarme el pecho cada que echo un vistazo hacia atrás. Los recuerdos son cada vez más difusos y distantes, casi irreales, casi soñados; es entonces que vuelvo a caer en cuenta sobre lo imposible que es devolver el tiempo y el miedo que esto me provoca.

Nuestro final no fue el mejor. Demasiadas discusiones, demasiado llanto, demasiada espera. Demasiado de todo aquello que me ha llevado a ser realista de más. No es tu culpa, tampoco mía; es lo que nos tocó vivir, es lo que debíamos aprender.

He querido tener la oportunidad de corregir mis errores, de viajar al pasado e insistir en algunas cosas y desistir de muchas otras. He querido revivir sensaciones con sólo apretar los ojos y brindarme consuelo al mirarme al espejo. He querido tenerte de frente y darte un abrazo, decirte que nada fue en vano, que no guardo ningún rencor.

Pero aparece el miedo a parecer demasiado débil, a mostrarme expuesta y con poca fuerza de voluntad. No te confundas, no es que quiera regresar, simplemente me parece injusto que después de tanta historia, no podamos siquiera mirarnos a la cara.

Sólo puedo esperar a que te encuentres bien, que veas tus sueños realizarse, que nada te falte y tu vida se mantenga llena de amor. Nunca podría desearte el mal, mucho menos después de todo lo que vivimos juntos y lo feliz que fui a tu lado. Y aunque han pasado los meses sin cruzar palabra, debes saber que no importa qué, yo siempre estaré para ti.

Daré tiempo al tiempo para que las heridas sanen, para depurar los malos ratos y pulir los buenos recuerdos. Quizá cuando estemos listos, podremos dedicarnos una sonrisa franca.

Quizá cuando pueda volver a verte, ya no haya más dolor.

Escrito por: Mayeli Tellez



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