Una de las cosas que más nos cuesta, es resistirnos, dejarnos llevar por la corriente. Queremos controlarlo todo y se nos olvida que existen muchas cosas sobre las que no tenemos poder. Preferimos ir a lo seguro, cuando lo que en realidad queremos, es vivir al limite. Deseamos la libertad , pero nos aferramos a lo conocido. Buscamos el equilibrio evitando improvisar. Creemos que el tiempo está a nuestra disposición, vivimos con prisa y hasta exigiéndolo todo como si lo mereciéramos.

No nos enseñaron a tener paciencia. No nos enseñaron a relajarnos nunca, lo cual nos ha hecho crecer en un ambiente muy tensionado porque las cosas “tienen que suceder” y es así como dejamos de disfrutar. Nos enseñaron que en este mundo quien renuncia, es un perdedor. Así ha sido toda la vida.

Vivimos estancados por los recuerdos y estamos llenos de arrepentimientos de haber terminado algo o de haber hecho algo que no debíamos, y todas esas cosas nos ata en el camino y no nos deja avanzar. Nos impide vivir y aprovechar la vida como merecemos.

La única verdad, es que el tiempo, necesita tiempo, y que confíes un poco. Déjate llevar, no te limites, porque no todo en esta vida tiene que ser planificado. No tienes que ponerte metas tan estrictas, no debes enfadarte si algo no sale como tú querías. Aveces, es mejor detenernos y esperar a ver qué pasa, que forzar que ocurra algo que tal vez no sea lo deseado.Claro que no quiero decir con esto que no debamos tomar las riendas de nuestra vida, una cosa no impide la otra. Tú puedes llevar las riendas de tu vida y a la vez, dejarte fluir por ella. No frustrarte por si algo no sale como tú esperabas, no caer en la desesperación si alguien no actúa como tú harías. Dejarte fluir es aceptar situaciones, es aceptar momentos y no empecinarnos en lo que haríamos o dejaríamos de hacer.

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Una persona que sabe fluir se deja llevar por lo que siente que es mejor para sí mismo. Escucha tu corazón y mantiene la cabeza bien alta. No te pierdas, no pierdas tu esencia por tratar de adaptarte a los demás, en lugar de eso, ya va siendo hora, de que seas tú mismo y fluyas con los demás. Y es que cuando fluimos con los demás, quiere decir que somos capaces de tolerar los imprevistos que se puedan acarrear, que no agachamos las orejas ni nos hacemos chiquitos,al contrario, mantiene el porte, y si lo puede evitar, lo hace con total naturalidad. No se siente mal, ni se culpabiliza ni se justifica.

He aprendido que cuando te rindes ante la vida, cuando sueltas, te empieza a llegar lo que deseas. Todo tiene su momento y si realmente eso que deseas te vibra desde lo más profundo de tu ser, entonces llegará en el momento adecuado, ni antes ni después. Si no ha llegado es porque quizá todavía no estas preparado para recibir eso que tanto deseas. De nada sirve aferrarnos a una meta o un deseo. Eso solamente atrae frustración, tristeza, desánimo y depresión, ya que no tenemos el control de si va a suceder, si va a ser como nosotros decidimos o deseamos y cuando nosotros esperamos.

La vida es más simple de lo que crees , por eso vive y deja que pase lo que tenga que pasar, baila entre la lluvia esperando el nuevo sol, vive la oscuridad para volver a ver el día. Juega con los recuerdos y transfórmalos en nuevos sueños. Inventa colores para pintar una nueva vida. Mira las cosas viejas con nuevos ojos para darles nuevos sentidos.Cuando mires hacia atrás y no te reconozcas, date cuenta que es peor mirarse en el espejo y preguntarte quién eres hoy. Ama sin preguntar por qué. Besa hasta que tus labios revienten y tu corazón se quede sin aliento. Ríe a carcajadas. Conoce gente. Mira que los términos medios sólo sirven en la cocina y en las matemáticas… pero nunca para vivir.

Autor: Karla Galleta



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