Ella sintió que perdía algo, obvio que no perdía nada porque nada tenía, pero igual se sintió así. Pasaron los días y ella comenzó de nuevo, a girar por los bares, ahogar su tristeza en lugares oscuros, aturdiendo sus días con actividades. Un buen día él apareció como había llegado, de la nada, con un “te extraño princesita”. Charlas, palabras bonitas, derroche de ternura de él para con ella. Las charlas se comenzaron a transformar en un juego erótico, que los hacía subir y bajar de las nubes una y otra vez, ella dio mil opciones para verse, él ponía excusas, tontas excusas, que comenzaban a molestarle a ella, entonces lo intimó. Y el encuentro sucedió, unas horas, donde él trabajaba.

Allí ella se dio cuenta que él tenía más miedo que ella de lo que sucedía, comenzaron a hablar de banalidades para romper el hielo, que la vida, que la familia, que el trabajo, de nada básicamente. Él no se expresaba de la misma manera que por chat, algo que a ella la hizo sentir más segura, como si tuviera el mando de la situación. Ella, comenzó a analizarlo, y se dio cuenta, que era la primera vez que él era infiel, no sabía cómo serlo, entonces jugó con él, mirándolo, y haciéndole preguntas comprometidas para demostrarle a él que ella tenía el control.

Después de un rato, de improviso, como aparecía en el chat, se paró de su silla, detrás del escritorio, en el cual tantas veces le había enviado fotos sensuales a ella, dio la vuelta, se le acercó, la tomó suavemente del cuello, y la beso como quien besa el pétalo de una flor, eso la hizo estremecer y se sintió tan rara, era la primera vez en mucho tiempo que no sentía eso, como una quinceañera, se entregó a sus besos y caricias, dulces y fuertes a la vez. Poco a poco los dos fueron entregándose al deseo y la pasión, la química de dos cuerpos sintiéndose, tocándose.

Él no paraba de decirle cosas al oído, dulces, agradables, y ella sin darse cuenta fue entregándose a sus deseos, tanto tiempo imaginando ese momento, y este sucediendo, en una oficina, sobre el escritorio, donde él imaginaba tenerla y ella imaginaba sentirlo, dos cuerpos, desnudos, sintiéndose, poseyéndose, llegando a las nubes y volver a sentir. Todo sucedió, para ella, en un segundo, y volvió a la realidad, tenerse que despedir.

Afuera, lloviznaba, él la acompaño a que tomara un taxi prometiendo algo que los dos sabían que no sucedería, se habían conocido en el ciber espacio, y allí quedaría, por unos días, ella confundió pasión, química y física, con cariño, y lloró, se enojó, con él y con ella misma, por ser tan ilusa, tan soñadora, y todo volvió a la normalidad, ella sola… él, vaya saber que fue de él…”

Por: Jorgelina



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