Y ahora iniciar una relación debería ser como ir al súper por algún producto; tendría que ser obligatorio estar conscientes de la fecha de caducidad antes de aceptar y es que hoy, ya nadie tiene huevos para el amor; ya nadie se la juega, ya nadie cree, ya nadie se arriesga.

No hay peor soledad que la que uno obtiene como karma o como consecuencia de sus errores. Ahora intento avanzar, olvidar, perdonarte y perdonarme, superar lo vivido y seguir adelante, pero ¿acaso eso llegará a ser posible?

Si pudiera borrar a alguien o algo de mi vida, sería a ti, justo el momento en el que te conocí y me embaucaste con esa estúpida, retorcida y preciosa sonrisa.

Quisiera borrar también cada cita, cada mensaje, cada encuentro, cada llamada, cada beso, cada te quiero, cada caricia y cada vez que me fallaste, cada vez que me mentiste, que me llenaste de promesas que al final no cumpliste, cada amarga noche llorando como una idiota en las cuatro paredes de mi habitación al saber de tu traición.

Bien dicen por ahí: ¨si te lastiman una vez no es tu culpa, pero si te lastiman dos, sí¨. O también me vendría bien la de: ¨tropezar con la piedra no es malo, encariñarse si¨.

Al final terminé cayendo en tu sucio juego; te amé hasta sentir que ya no quería conocer a nadie en mi vida, que eras tú la persona con quien yo siempre estaría pero no, tu no pensabas lo mismo, tu tenías para mí planes distintos y era el utilizarme a tu antojo, manipularme y un día cuando te cansaras desecharme.

Fuiste el típico patán al que le gusta jugar con muñecas, subir hasta el cielo y dejar caer sin importar en cuantos pedazos uno se termine fraccionando.

Fuiste tan hábil y yo tan estúpida, perdonarte una vez fue el peor de mis errores, desde ahí lo volviste a hacer una y otra vez.

Y mírame, hoy estoy aquí, destruida, intentando encontrarle un sentido a mi vida, deseando con todas las fuerzas de mi corazón no amarte y odiarte como lo hago hoy.

Si tan solo hubieses sido sincero desde el principio, decirme que en tu lista de ilusas yo era cuando mucho la número cinco. Si tan solo te hubieses ha sincerado y dejarme muy en claro que no estarías para siempre a mi lado. Que en tu cama yo no era la única que te entregaba su cuerpo, que en tu corazón había varios departamentos y que ser fiel, nunca sería parte de tu currículum, que para amar tu no habías nacido.

Pero no, te dedicaste a endulzarme el oído cada que te era posible. Me llenabas de detalles y jurabas amarme. Y cuando más elevada en el cielo me tenías, ¡te vi!, repartías besos a alguien más, deslizabas tu mano por su cintura justo como lo hacías conmigo, jugabas con su cabello y la hacías sonreír, ¡otra tonta más para presumir!

En ese momento pensé renunciar, te odié con todas las fuerzas de mi corazón pero finalmente tu juego funcionó. El hacerte el arrepentido te salió bastante bien, lograste que te perdonara y trabajaste duro por volver a ganarte mi confianza. ¡Eres un excelente actor! Bastante mediocre para mi gusto pero terminé comprándote tu libreto y entonces apenas en ti confié, defraudaste lo más sagrado que te puede dar una mujer: su amor.

Se repitió tantas veces la escena que aunque parezca enfermo me acostumbré. Antes de ti no sabía lo que era el amor así que supuse me estabas dando una gran lección. Te perdoné, una y mil veces. En ocasiones preferí callar aun cuando yo ya sabía la verdad. Y de aquella mujer que conociste nada quedó, me mataste en vida pero de las cenizas otra mujer renació, una que ni en sueños hubieses podido mirar, me hiciste a tu imagen y semejanza y el resultado terminó fatal.

¿Recuerdas a tu amigo de la infancia, aquel encargado del bar y el nuevo socio en el que pensabas confiar? A todos me entregué y en su momento no pensé más que en corresponder a tus momentos de infiel.

Me convertí en lo peor para vengarme; me sequé las lágrimas, me puse tacones y salí del agujero en el que me encerraste.

Quise ser como tú; entregar mi cuerpo y repartir mis besos pero sin sentir nada más que placer y al final de cuentas en la profunda tristeza me quedé.

Si, ahora sé que no soy mejor que tú. Ahora sé que tuve que renunciar en tu primera infidelidad. Salvarme y elegirme. Huir de ti, de tus mentiras, de tus infamias. Pero fui cobarde, pensé que te amaba tanto que tenía que aguantar pero no, tal vez no te amaba como tampoco me amaba a mí.

Y ahora que todo ha terminado, y ahora que te lo he confirmado me voy en busca de mi paz. Ahora me encuentro sumida en la soledad, esta terrible compañera que no me ha permitido avanzar y que un precio muy alto ha puesto a mis errores que cometí a causa de tus traiciones.

¿Y sabes que es lo peor? Justificar mis acciones en nombre del amor. Y de los dos no sé quién es el perdedor si al final de cuentas los dos nos hicimos expertos en la traición.

Y el haberme fallado no duele tanto como haberme fallado a mí misma, posiblemente algún día vuelva a estar de pie, aunque nadie puede ser la misma persona después de haber sido infiel, no hay acto más bajo que entregar la piel, a un cuerpo que no busca nada más que placer. Y en esta historia ¿qué fue lo que gané? Una terrible soledad que nadie me curará…

Autor: Stepha Salcas (Diario De Una Bipolar)

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