Termine cansándome de leer por todos lados, infinitos textos sobre el amor. Ese amor no correspondido, esos amores tóxicos, el amor y las relaciones de nuestra generación.

Mario Benedetti dijo “Que llegue quién tenga que llegar, que se vaya quien se tenga que ir, que duela lo que tenga que doler… que pase lo que tenga que pasar”.

“Que pase lo que tenga que pasar”. Creo que nos esforzamos más de la cuenta, hasta nos inventamos mascaras, como una imposición, como un deber ser, y ahí es donde nos perdemos a nosotros mismos. Ahí es donde conocemos a esos amores. En ese momento es donde las relaciones fracasan donde se titulan de toxicas.

Deberíamos pensar un poco menos y sentir un poco más.

Y¿ por qué? Porque lo lindo, lo verdadero e “inmortal” esta en las esencias. En lo sencillo, en esa mirada que nos devolvemos. La mirada es lo más sincero que tenemos, es lo primero que reflectan las emociones.

Si. Hay que volver a la antigua. A la antigua manera de encontrarse. De descubrirse en esa mirada. En esos ojos que te dicen todo, en la sencillez. Estamos llenos de pasión, y aun así, la vamos matando día a día, por mirar en los ojos equivocados, al punto de pensar que ya no hay nada más, o peor aún nadie más que valga la “alegría”.

El problema es que somos muy cobardes para volver a la antigua, nos asusta la sencillez. Nos asusta mostrarnos como realmente somos. Nos asusta el primer paso, el segundo. Estamos cómodos en donde estamos. Porque ¿eso somos?

romperse

Y me tortura pensar, si habrá algo más lindo que despejar la vista, desvestir al miedo autoimpuesto, y revelar todo lo que somos, nuestras locuras, nuestros miedos, nuestras aventuras, lo que nos hace brillar y lo que nos oscurece. Solo ahí, se podrá dar el choque de miradas más perfecto. Solo ahí puede haber fuego. Solo entonces empezaremos a escribir de aventuras, de magia, de amor. De a dos.

Por: Pili Fernandez de Vera



     Compartir         Compartir