Durante nuestras vidas, vamos conociendo a muchos tipos de hombres, un día nos enamoramos del chico más rudo y varonil que vemos, mientras después nos enamoramos del chico más romántico, lindo y detallista.  Y cuando por fin decidimos que es momento o que queremos compartir nuestra vida con alguien, es momento de decidir.

Algo muy complicado en realidad, porque siempre habrá dos chicos; uno con el que enloquecemos y nos alborota. Y otro que nos haga sentirnos amadas y nos provoque amar intensamente. Pero… ¿Cuál es el indicado?

En verdad se vuelve difícil en cualquier caso, incluso aunque sólo sea para elegir a uno como pareja, más que como una pareja de vida, aunque no nuestra intención no sea vivir con alguno de ellos por el resto de nuestra vida.

Uno nos hace sentir la mujer más valiosa del mundo, nos ama y lo podríamos amar con toda la facilidad del mundo, pero el otro nos hace vivir de una forma emocionante, es impredecible, nos divierte y sabemos que a su lado sería una vida llena de sorpresas.

Nos sobran razones para elegir a cualquier tipo de hombre, pero luego en un momento de total y plena consciencia, nos atormenta la idea que nos viene a la cabeza, planteando un futuro con el que sea. Nos invade un desequilibrio, porque no es una decisión sencilla que salga a la primera.

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A veces obtenemos más satisfacción en una charla larga y sincera, a corazón abierto; en la que expongamos toda nuestra personalidad sin mascaras ni caretas, que en un momento de placer con ese alguien que nos aloca nuestra plenitud mental.

Yo elijo al hombre que me demuestre el valor que le da al amor, que me valore por lo que soy y no por lo que quiere que sea, que me ofrezca más equilibrio que problemas, porque para encontrar esos yo ya soy buena y finalmente alguien con quien pueda estar y que en verdad sea un momento de amor puro y no un momento placentero, porque para ese tipo de momentos ya hay muchos.



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