En noches de luna de un otoño esperado, donde el sentir de los días se vuelva diferente, dejando palabras escritas que se confundan entre un viento que no sabe si se va o se queda; donde el sonreír te sigue haciendo fuerte, te mantiene feliz, comprendí sin prisa lo que es estar enamorada de aquel que te ofrece su mundo, de quien no te critica por los kilos en tu cuerpo, ni por las marcas en tu vientre cuando lo estiraste por dar cobijo a una vida.

De quien trabaja y no le importa hacerlo por más horas para lograr obtener una sonrisa en tu rostro, de aquel que te ofrece su amor como muestra sincera de sus sentimientos, a quien no le importa el color rojo en tu cabello o el rubio o el matiz de canas que se dan por la edad; del que se preocupa por ti en tiempo de tristezas y aun así pueda decirte que eres la mujer más bella y que tiene la suerte de tenerte entre sus brazos.

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De ese que comparte las miradas que se pierden en el ocaso de un atardecer sin importar la estación y quien prefiere quedarse contigo a ir con sus amigos; de aquel que no te hace llorar, a menos que esas lágrimas sean de felicidad porque hayan cumplido algún proyecto anticipado. De ese que te da las llaves de su alma sin importar que puedas hacer con ella y que en noches de desvelo donde  el insomnio llego sin querer, se dedique a cuidar de tu sueño y que con un sonrisa te despierte.

Alguien que sabe que el amor no se compra. De quien le guste ver la combinación en tu atuendo sin importar si combina, que sepa de marcas, pero de esas que se quedan en el paso de nuestras vidas sin necesidad de herir, de quien ha aprendido a ser humano, transparente y hasta humilde, y que cuando beba algunas copas sea por gusto y no por necesidad; de aquel que se siente orgulloso de tenerte como amiga, como madre de sus hijos y hasta como amante en noches de pasión, quien no miente, de aquel que puede darte un beso entre las multitudes y que se sienta honrado de caminar a tu lado.

Del que aprendió de la vida a ser padre por convicción, sin importar que la responsabilidad de los hijos sea hasta la vejez o cuando ellos hagan su vida, del que disfruta las llamadas aun teniendo compañía y que su primer pensamiento en el alba sea tu silueta sin tenerte cerca; de aquel hombre que sabe sin ser presuntuoso que es grande, porque existes, a quien no le importe viajar miles de kilómetros por encontrarte, ni que estando en un lugar cercano le importe caminar para estar a tu lado.

Quien  demuestra con detalles lo que es el amor, que confíe en ti, porque eso es lo principal en una relación y que de los momentos difíciles aprenda que el andar es de dos y no de uno; que le guste disfrutar del mate (una bebida argentina) al amanecer sin importar el día ni la hora… Y que esté enterado que lo que es pedido bajo el cielo tiene su hora y por supuesto su tiempo y que con el simple hecho de saberse a tu lado, pueda decir a los cuatro vientos que la suerte es de él, por tenerte y no lo contrario.

Que si al pasar de los días todo se mantiene, puedas entonces decir que eres una mujer agradecida,

pues tienes a un gran hombre a tu lado.

 

Publicado por Katia Olalde



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