Estás equivocado. Quererme tener controlada, vigilada y cercenar mi libertad para que tú puedas estar tranquilo no tiene nada que ver con el amor. Tus reproches y tu desconfianza diaria lo único que generan es dolor, y créeme, están amenazando con destruir todo lo lindo que hemos construido hasta el momento. Entiendo que tengas miedo de perderme, pues tenemos una relación hermosa, pero con tus actitudes lo único que lograrás será apartarme cada vez más de ti. Creo que es hasta cierto punto normal que me quieras cuidar y que desees ser el único hombre en mi vida. Hasta ahí yo no veo ningún problema. La cuestión es que tú constantemente estás pensando que yo prefiero a otros hombres, e incluso me has llegado a acusar de que te he sido infiel, sin ninguna prueba más que tus sospechas infundadas, y eso no es justo, pues me haces sentir una mala mujer cuando no lo soy.

Los celos, cuando se presentan de vez en cuando, pueden ser un refuerzo positivo para la autoestima. Por ejemplo, cuando al principio tus celos no eran exagerados como ahora, yo me sentía bien, importante para ti, necesitada, querida. Además, tú bien pudiste aprovechar esos celos iniciales para reflexionar sobre la importancia de nuestra relación y pensar en cómo fortalecerla. Pero eso no pasó. Tus celos se fueron haciendo cada vez más fuertes, hasta que poco a poco fueron resultando enfermizos. Y claro, en su momento yo me sentí culpable y me obligué a hacer un ejercicio de consciencia para ver si yo habría provocado esos celos de algún modo. Pero por más culpable que me sentía, llegué a la conclusión de que no, yo no hice nada para provocarte esos celos, siempre fui muy cuidadosa ese aspecto y, sobre todo, bastante respetuosa hacia ti y hacia nuestra relación. Yo nunca te causaría dolor ni lesionaría tu autoestima provocándote celos deliberadamente.

En cambio tú, sí que me has dañado con tus celos enfermizos. Y no son tanto gritos y reclamaciones directas como lo demuestras, sino con conductas que realmente me lastiman: tu desconfianza en mí, dudas constantemente de lo que te digo, tratas de controlar mis actividades diarias, te enojas bastante si quiero salir con mis amistades, me criticas por usar cierto tipo de ropa que según tú es muy provocativa (cuando, si bien recuerdas, es el mismo tipo de ropa que a ti te gustaba que vistiera cuando salíamos tú y yo juntos), te molestas si hablo, si mantengo conversaciones, si le doy likes, o si le comento en sus redes sociales a personas del sexo opuesto (vaya, si hasta con mis amigos gays te encelas), te enojas si llego tarde a nuestras citas y ya me estás cuestionando con quién estaba, qué estaba haciendo y que de seguro me estaba viendo con un hombre a tus espaldas, y, para variar, no me dejas de llamar al celular para ver en dónde estoy. Esas son las actitudes principales que tú tienes hacia mí, y la verdad ya estoy cansada.

Tenemos que hacer algo, amor, porque yo quiero recuperar al hombre de antes, al chico cariñoso que era seguro de sí mismo, que no le importaba si yo salía sola, al que sabía que yo lo amaba por sobre todas las cosas. Te invito a buscar ayuda, porque deseo rescatar nuestra relación. ¿Quieres tú?



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