Hoy al despertar tuve el mismo sueño de siempre, del mismo desconocido que veo todas las mañanas al abordar el autobús rumbo a la estación sendero, del mismo desconocido que sin siquiera saberlo, al toparlo me causa un remolino de emociones, que me es casi imposible no sonreír le cada vez que lo veo subir y que ya después de un mes de vernos, reírnos y avergonzarnos, aún no se el nombre de ese chico que por las mañanas me hace imaginarme mi propia historia de amor; aunque sólo sean los 40 minutos de fantasías extra corpóreas y tan poco el tiempo que hago en transportarme a la escuela, porque llegando ahí me concentro en seguir estudiando y poder sacar adelante a mi madre y hermano.

Regresando al chico del autobús, no sé cómo pasó, sólo recuerdo que primero sentía sus miradas que al instante me incomodaban, por el hecho de no conocerlo, hasta que poco a poco fue naciendo en mi el agrado hacia él. Todas las mañanas sube con su hermana y de hecho son gemelos su parecido es demasiado que si le pusiera a su hermana una gorra con el cabello recogido, creería que es él; o tal vez me gustan las mujeres, bueno, ciertamente lo dudo, aunque, no he tenido tiempo ni para tener novio que no he sabido si me gustan o no, pero si estoy segura de que si me gustan los hombres, y el chico del autobús me llama mucho la atención, que imagino que por eso sueño con él todos los días.

Al verlo y al verme nos sonrojamos, como aquellos niños de kínder que quiere tomar inocentemente la mano de la niña y no sabe cómo hacerlo, así nos miro a los dos, como un par de tontuelos que inocentemente se lanzan miradas tiernas, Sin saber cuál es el siguiente paso a proseguir.

Un día, como cualquier otro, como cualquier otra mañana, como cualquier despertar después de vivir una aventura con él en mis sueños, al subir entusiasmada al autobús, esperando que los sueños viren a la realidad el día menos pensado, él, mi desconocido favorito, no estaba. No había rastro de él ni de su hermana, rápidamente, un flechazo cruzo por mi mente y mi corazón, que no volvería a verlo ni a él ni a su hermana, sin embargo, pronto me deshice de la idea, pero el sexto sentido me retumbó que esa idea era un mal presagio.

15

 

Así fue, como me enamoré del chico del bus, como me enamoré de un desconocido, de alguien que nunca más me he vuelto a topar, de alguien que ni su nombré conocí, mi propio desconocido favorito, mi primer idea del amor correspondido, aunque ni a amor llegó, así fue como conocí el amor a primera vista, un amor bizarro, un tanto inocente, un tanto lejano.

Conforme los días fueron pasando y el corazón acongojado se iba haciendo a la idea de que ya no sería ese chico parte de mis mañanas, me fui preparando para lo que sería un amor de verdad, para evitar sueños sin una base fundamental, para evitar malas escalinatas en el amor, y sobre todo para preparar a mi corazón si un día llegará a enfrentarse a un desamor, un mal amor y un amor no correspondido.

Bien pude seguir pensando en él, y es que como en todo duelo lo confieso, le lloré, le lloré amarga y apasionadamente al chico del bus, por ser una parte importante y de repente irse sin más, uno diría que sólo era un simple desconocido y que nadie lloraría por alguien que no conoce, pero en este caso, he sido la excepción.

Por otro lado, esa ilusión tan bonita que tuve por algunos meses, esas ganas de amar a alguien y ser correspondida me ayudaron para cuando este realmente preparada para abrir las puertas de mi corazón a algún gran amor. A decir verdad, ese pequeño amor perfilaba para ser grande, ya tiene siete años de no volverlo a ver y a veces aún sueño con él.

Un gran amor entre dos desconocidos siempre tiende a ser recordado.

 

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