Y entonces, él dejó de besarme y me dijo que teníamos que poner un orden a lo nuestro, que le parecía imposible pensarme 24 horas los 7 días a la semana, que estaba loco por mí…

Pensé que en realidad estaba loco, que sin problema alguno podíamos respetar el horario establecido para besarnos, que sin problema, podía sacarlo de mi cabeza para poder concentrarme en el trabajo y librar mis actividades cotidianas.

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Pensé que podía dejar de repasar su cuerpo mentalmente en esas aburridas reuniones familiares en las que cada uno tenía que estar por su lado, pensé que podría irme de café con las chicas y tener una charla sin nombrarlo.

Me consideraba lo suficientemente capaz de vestirme y pedirle que se pusiera la ropa después de hacer el amor solo una vez, y que podíamos ir al cine sin que mi mano se escabullera por la bolsa trasera de su pantalón, y una vez en la sala, pensé que podíamos dedicarnos solo a ver la función, que podía pasar la película entera sin rozar tu pierna o sin darte un beso en la mejilla, sin mirarlo y sin hablar exigir sus labios en los míos.

Pero descubrí que son débil, que mi voluntad había muerto el día en que me vi reflejada en sus pupilas, deje de tener conciencia de mí ese día que me besó y dijo que no podía dejar de hacerlo, perdí toda fuerza el día que nos miramos y decidí no dejar de mirarlo jamás, ese día que me besó, esa primera noche juntos en que entre sueños se le escapó un “te amo”… esa noche en que nos tocamos y el tiempo pareció detenerse en la inmensidad de nuestra piel.

Y entonces lo abrasé y le pedí que no quisiera poner orden a este placentero desorden en que estábamos envueltos, que es el pensarlo siempre lo que llena de energía para terminar mi rutina, que es tener nuestro espacio por separado lo que me hace extrañarlo, que es el extrañarlo lo que me hace librar las pesadas reuniones en donde no está.

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Y entonces lo besé y descubrí que no quería dejar de hacerlo, entonces lo miré y me encanto verme enamorada en el reflejo de sus pupilas, entonces lo abracé y decidí que sus brazos son el mejor lugar para mi cuerpo…

Así fue que olvidé que me había pedido orden y de beso en beso me fundí en su cuerpo hasta la mañana siguiente.

Idea original: Sergio vivir para ver



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