A veces, tal vez por miedo a la soledad, terminamos buscando el amor en personas que sabemos que al final de cuentas no nos van a hacer ningún bien, en lugares que sabemos que a largo o corto plazo terminaran demostrándonos que no era un lugar saludable. Creo que en un punto de mi vida fui de esas personas que temían a su soledad, por eso aceptaba lo poco que me pudiesen dar e imaginablemente cambié el papel, ahora creo que soy de las que no son saludables para nadie, de las que no se recomiendan y es que ahora me niego a ser de las que cambian su forma de ser solo por tener que agradarle a alguien, aunque lo cierto es que soy capaz de mejorar por quien en verdad lo merezca; por alguien que me haga sentir plena y dichosa, tan viva que me traiga el insomnio a mi vida.

Basta que te rompan el corazón para querer convertirte en alguien totalmente diferente a quien eres, alguien que ya no ha de permitir que lo lastimen más, alguien que ya no se ha de conformar con lo que le puedan dar.

Lo tonto e iluso sería pensar que todas las personas nos terminamos enamorando de la misma manera. Desafortunadamente hay personas que aun teniendo a su lado a alguien que los quiere en verdad y aun ellos sintiéndose enamorados de dicha persona, siempre tiene en su mente el pensamiento de que les espera algo mejor o que simplemente si ellos deciden irse el día de mañana, esa persona que tanto amor les tiene, les esperará. Un tonto pensar, pero es la realidad de muchos.

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Creo que tiempo atrás era de las personas más impacientes en cuanto al amor se trataba. Anhelaba la llegada de alguien con quien compartir mi tiempo, mis días y mi espacio. Alguien con quien tener detalles y demostrarle mi cariño. Pero entonces, después de tantas heridas terminas siendo la persona más paciente. Te das cuenta que a tu alrededor hay cosas mucho más relevantes e importantes que el amor, al menos el amor de pareja pasa a otro termino, uno mucho más lejos de donde lo tenías. Te enfocas en tu familia, en amigos, en el trabajo, en tu superación personal, te interesas por viajes, por conocer a otras personas, por conocerte mejor a ti misma y reflexionar sobre todo aquello que necesitas mejorar y así no cometer los mismos fallos. Terminas cerrándote al amor, no para siempre, pero si por un tiempo indefinido.

Creo que finalmente así terminé siendo yo, ahora tengo total paciencia en cuestiones del corazón. Ya no busco y ya no espero a nadie, lo que tenga que llegar sé que será en un tiempo perfecto, un tiempo en el que yo me sienta realmente una mujer completa, un tiempo en el que pueda dar la mejor versión de mi pero que sepa identificar cuando se merezcan dicha versión, un tiempo en que haya sanado las heridas de mi corazón y me sienta realmente preparada para abrir las puertas de par en par y dejar entrar a quien luche por mí, con hechos y no con palabras.

Me rompieron tantas veces el corazón que fue imposible armarlo totalmente igual a como era, al reconstruirme nació una mujer nueva, una mujer libre, una mujer que primero se ama a ella misma, que ya no busca más a nadie, que ya no espera.

Últimamente se me ha metido el pensar en aquellos que han tenido paciencia hacia mí y que al final, he sido yo la que ha salido huyendo. Pero creo que eso tiene una explicación muy lógica; tengo la certeza de cuando alguien siente en verdad, cuando se enamora completa e inesperadamente no hace esperar nada, las dudas se acaban, no hay nada que pensar, todo se da de manera natural y ni siquiera te importa el pensar en el tiempo o lugar.

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Termino dándome cuenta de que finalmente el que me hayan roto tantas veces el corazón ha servido de algo, ahora me defino como una autentica soñadora… realista. Sigo soñando, pero lo hago de aquellas cosas que pueden ser verdaderamente posibles. Ya no construyo más castillos en el aire ni pinto más corazones en el viento… en vano. Continúo teniendo ilusiones y anhelos, porque finalmente son las que te dan empujoncitos que te facilitan el vivir, pero ahora tengo los ojos más abiertos y el corazón cerrado (repito, por un tiempo indefinido), porque ya no pienso ser una tonta o cegarme a imposibles que nunca han de poder ser, imposibles que en algún momento me suman en una profunda tristeza, una tristeza que sé que no he de merecer.

Hoy ya no busco un corazón, hoy busco sonrisas de todas las personas que están a mi alrededor y que hacen bonito mi día sí o sí. Porque al final de cuentas ¿Quién no se enamora de alguien que vive feliz y con la alegría a flor de piel? Y quien sabe, tal vez algún día decida abrirle las puertas al amor otra vez. Pero por mientras, sonrío más que nunca. Y lo más fantástico es que mi sonrisa no se la debo a nadie, la tengo por mí y para mí, porque de mi corazón roto nació alguien total y plenamente libre. Alguien que vive por sí y para sí y que es completamente feliz.

Autor: Stepha Salcas



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