Después de un mal matrimonio lleno de manos tratos y humillaciones, una noche sola y triste en casa conocí al hombre más maravilloso por Internet. El español y yo panameña. Teníamos tantas cosas en común que empezamos una linda relación donde ambos nos comprometimos en dar lo mejor de cada uno. Era mi Príncipe azul; a los pocos meses el viajó para conocernos en persona y al verlo por primera vez en el aeropuerto me convencí que era lo que esperaba.  Su espera fue tan soñada que no me atreví a ir por el sola porque pensaba que al verle no sabría como reaccionar. Sentir si piel y sus labios por primera vez fue algo tan mágico que no tiene descripción. En los siguientes días todo lo que el hacia me parecía una experiencia nueva. Me llevó a lugares en mi propio país que ni yo conocía, el era más que perfecto hasta que un día me hizo la primera muestra de su dominio machista del cual ignore pensando en que era pasajero o símplemente parte de su cultura y yo debía adaptarme.
Volvió a su país y a los pocos meses volvimos a encontrarnos en República Dominicana donde se repitió la misma historia, esta vez por yo ser muy libre y pensar en mi antes que los demás. Esta vez ya me dio miedo si forma de hablarme. Lo excuse  pensando en mi antigua relación y diciéndome que el era diferente y que nunca me pondría un dedo encima para hacerme daño.
Luego decidimos que yo me iría a España y nos casaríamos después de los 3 meses que podía permanecer ahí.
Sus celos fueron mucho más allá del límite. Revisaba mi teléfono y mis cuentas de correo donde en más de una vez interpretó lo que quiso y lo mínimo era motivo de discusiones. Al finalizar los 3 meses decidí volver a mi país y volver a empezar de cero porque dejé todo por ir con el.
Así lo hice pero el insistía en seguir en mi vida aunque ya no era para darme amor. Fueron diez largos meses sin estar juntos hasta que con mi sacrificio pude recoger el dinero para poder viajar. Al llegar encontré a otro hombre, ya no era el que me enamoró.  Este era celoso, machista, irónico;  siempre en busca de defectos en mi. Sin importar todo lo que hice por estar con el. La magia del amor ya no existía pero yo seguía pensando que el era el Príncipe azul con el que soñamos todas las niñas. Volví a mi país más decepcionada que nunca pero aún así lo seguía Amando con toda mi alma. Seis meses después volví con el porque mi sueño era pasar Navidad juntos, fue la Navidad más triste de mi vida, la más vacía y nunca antes me sentí tan sola estando acompañada. El día que regresaba a mi país volví a escuchar de su boca después de 3 años sin que me dijera que me quería. Se me hizo un nudo en la garganta y no pude contener mi enojo para decirle que ya no me importaba. Si cada vez que yo le decía que lo quería o lo amaba me hubiese respondido de igual manera o me lo hubiese dicho sin un motivo, muchas de mis inseguridades y mis miedos hubiesen desaparecido o no siquiera existirían .
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Seguía siento una estúpida enamorada que aún viendo que sólo recibía malos tratos aún mantenía la ilusión de estar juntos. Le tenía una excusa para todo hasta que llegó el fatídico día donde le dije que dejaría todo para irme nuevamente con el y me pidió tiempo. Tiempo para que? Que tanto más debía demostrarle? Después de 4 años de ser nuestro sueño de pronto despierta y dice: sigamos esperando. Esperando que? Era mi señal, algo había, algo que ya no era amor, había otra persona que cubría mis ausencias y de printl deje de ser perfecta para ser el peor error de su vida. La culpable de todo, hasta de que el se convirtiera en un insensible. Tan mala fui que a pesar e haber terminado hace 1 año me sigue buscando, siempre está creando cuentas falsas para saber de mi, escribiéndome de otros teléfonos porque siempre lo bloqueo.
De esta relación aprendí a no dar todo de mi,  a no mendigar amor, a ser yo al máximo sin depender de otra persona para ser feliz. Y como lo aprendí? De alguien que me hizo mucho daño pero también aprendí a amar al máximo, a ser dos sin dejar de ser uno. Te agradezco haber salido de mi vida porque gracias a ti soy mucho mejor.
Por: Dalma Batista


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