No sabes cuánto lo intenté, como procuraba complacerte con todas esas peticiones que tenías sobre mí, cuando dacias que esto o aquello no te gustaba, trataba de cambiarlo por más difícil que esto me resultara, incluso a tal grado que en ocasiones llegue a desconocerme, y es que se puede engañar al mundo entero, pero nunca puedes engañarte a ti mismo, y había una parte de mí que había sido encarcelada en lo profundo de mi corazón, que clamaba desesperadamente por salir de nuevo, pero con tal de tenerte feliz, con tal de no perderte, no me importo perderme a mí misma en el camino.

Cabe decir que todos mis esfuerzos fueron en vano, a pesar de intentar cada modificación que exigías de mí, nunca termine por hacerte feliz, nunca termine por complacerte, porque dacias que “no me salía con naturalidad”, ¿pues cómo iba a salirme natural si en principio yo no era así”, estaba reprimiéndome a mí misma, en muchos sentidos solo para darte gusto, y ni siquiera apreciaste ese esfuerzo intenso que yo tenía que llevar día a día solo con el fin de que “me siguieras amando” como si alguna vez en verdad lo hubieras hecho, pero eso era algo que en ese entonces aun no podía entender.

Te fuiste alegando que era un cazo sin remedio y que por más que lo intentaste no pudiste refinar una versión mía que fuera digna de ti, te lloré todo un rio, te lloré tanto que me dolían los ojos de tanto llorar, tenía la garganta seca, inflamada, era casi incapaz de hablar, y en mi último esfuerzo fui y te pedí perdón como si de verdad hubiera hecho algo malo, pero incluso después de haberme rebajado a tal grado que perdí mi orgullo por ti, ni aun así quisiste saber más de mí.

No me quedo de otra que lidiar con todos estos sentimientos, con esa soledad abrumadora, con la desilusión de haber perdido todos esos planes que hicimos juntos y con la idea de que no volverías a estar en mi vida nunca más, sentía como si estuviera cargando el mundo es mis hombros, inconsolable me sumergí en mi soledad y ahí terminé reencontrándome con mi verdadera yo, con aquellas partes de mí que había suprimido con tal de agradarte y que de alguna manera yo misma llegue a aborrecer, pero en ese momento simplemente ya no me importaba, no tenía fuerzas para seguir fingiendo ser alguien que no era, y tampoco tenía un motivo.

En algún momento me sentí recuperada al menos en parte, al menos era capaz de sonreír nuevamente sin fingirlo, aunque no estaba recuperada del todo, aun sentía esa tremenda inseguridad que me dejo la relación que tuvimos, pues sentía que no era lo suficientemente buena para nadie y no quería saber de nadie más por el momento, pero el destino te alcanza no cuando tú quieres sino cuando estás listo, y sin saberlo de alguna manera yo lo estaba, llego un hombre nuevo a mi vida, con una visión completamente diferente a la tuya y yo solamente esperaba a que me diera su lista de todo aquello que tenía que cambiar para agradarle, para hacerlo feliz, para intentarlo más fuerte, para no perderlo como lo hice contigo.

Pero él nunca me dijo nada al respecto, parecía que me aceptaba tal cual, y eso me hacía desesperarme, pensaba que si no actuaba en cualquier momento me dejaría con el mismo argumento que tú, así que fui yo quien le pregunto que era aquello que le molestaba de mí y sonriendo me dijo: tú eres un todo, yo solo puedo decidir amarte o no, no puedo pedirte que cambies, porque en realidad ninguno de tus defectos es tan importante como para opacar todas las virtudes que tienes, yo he decidido amarte y con esa decisión te acepto y te quiero, no pretendo cambiarte y tampoco permitiría que tú me quisieras cambiar, en el amor solo se debe decir “sí o no”, “un si te amo pero…” no es amor.

Cuando te fuiste creí haber perdido todo, pero realmente te fuiste en el momento preciso para que yo encontrara mi verdadero amor.

Autor Sunky



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