Hay personas que ante la soledad se derrumban. Estas personas definitivamente no pueden estar solas, no pueden vivir solas, porque no soportan la idea de enfrentarse consigo mismas. Ven la soledad como si fuera una enfermedad de la que es muy difícil curarse, por eso la rehúyen. ¿Y cómo la rehúyen? Buscando la compañía fácil de los demás. Creen que con tener amistades o una pareja ya llenaron ese hueco, ese vacío palpitante, pero no, el vacío sigue ahí en todo momento, y es que puedes estar rodeado de mil personas y aun así seguir sintiéndote solo. ¿Por qué? Porque la soledad no es algo que se llene con personas, con reuniones, con fiestas, con parejas, con aventuras amorosas. Uno aprender a vivir en soledad. Uno aprende a vivir consigo mismo. Y, para ello, hay que aprender a amarse a sí mismo.

La soledad y la exclusión social son dos cosas completamente diferentes. No hay que confundirse; de hecho, a veces la gente te rechaza porque tú no has aprendido a aceptarte a ti mismo, y eso tiene que ver con el hecho de que no has aprendido a lidiar con tu soledad. Cuando tratas de llenar un vacío interior con compañías, en realidad estás huyendo de ti mismo, y puede que, a la vez, pienses que la soledad es una especie de estigma que representa una suerte de fracaso social. Pero nada que ver. De hecho, Nietzsche dijo alguna vez que “la valía de una persona se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”. Pero cambiemos la palabra “soportar”, porque creo que no es la indicada; la soledad no tiene por qué soportarse como si fuese una carga o un peso qué tolerar. Por eso, titulé esta reflexión como “Tu valor se mide por cómo enfrentas a la soledad”, lo que me parece una sentencia más acertada. Aquí caben más posibilidades; al menos dos: o la enfrentas de manera negativa, o lo haces de manera positiva. O ves a la soledad como una plaga de la cual hay que escapar por medio de la compañía (“nunca hay que estar solo”, rezarás) o la ves como una oportunidad de crecer interiormente, de conocerte a ti mismo, y no sólo eso, sino de disfrutarte y de gozar de esos pequeños grandes placeres que sólo se pueden tener estando a solas.

Si te encuentras con tu soledad, aprovecha y conócete, y aprende a convivir contigo mismo. Permítete meditar sobre tu situación actual de vida, reflexiona sobre tus sueños, permítete seguir soñando, pero no sólo eso, sino que ahora tienes la oportunidad de poner en marcha un plan de acción para proponerte pequeñas metas para alcanzarlos. Si aprendes a vivir solo y a sacarle provecho a tu soledad, es más fácil que te conviertas en una persona sana e independiente, capaz de administrar su propia vida. Recuerda que antes de que establezcas una relación de pareja con alguien, tú debes ser una persona completa, que no necesite de nadie para ser feliz. Sólo así podrás tener una relación sana y madura con la otra persona, y exigirle, desde luego, que ella también sea una persona completa, para que no exista dependencia ni codependencia entre los dos.

Aprende de tu soledad, aprovéchala y vívela al máximo. Me atrevo a afirmar que el principio de tu felicidad radica en ella.

 



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