Por tu vida pasarán muchas personas, todas ellas con un propósito: algunas llegarán para que conozcas la felicidad; otras, para enseñarte algo importante; unas quizá para provocarte algunas lágrimas; y otras que te enseñarán lo que es el verdadero amor. Algunas personas quizá te provoquen dolor, te traicionen, te abandonen, te hagan sentir muy mal; a ellas hay que saber alejarlas de nuestras vidas, porque son personas tóxicas que lo único que logran es envenenarnos y hacernos caer en círculos viciosos de los que es muy difícil escapar.

El amor requiere ser alimentado constantemente para que no muera. El alimento del amor son los detalles, los regalos, las palabras hermosas, la ternura, los versos, las caricias, los besos, los abrazos, la comprensión, la confianza y la lealtad.

Si encontraras a la persona especial que has estado buscando, ¿qué le dirías?, ¿qué le ofrecerías para que se quedara contigo?

Ofrécele un hogar en tu corazón, para que se refugie cuando busque un lugar cálido y amoroso. Ofrécele un espejo en tus ojos, para que se vea como tú lo ves y se ame tanto a sí mismo como tú lo amas. Ofrécele tus miradas más tiernas, tus sonrisas más sinceras y ábrele tu alma para que observe detenidamente todo lo que sientes por él.

Obséquiale un mundo azul y mágico donde los sentimientos floten y donde ambos puedan nadar en las aguas tranquilas de la felicidad. Escríbele tus mejores palabras de amor, no importa que no seas poeta, lo importante es que lo que digas salga del fondo de tu corazón.

Regálale una mirada tierna y sincera y dile suavemente, con voz dulce: “tú preocúpate por sonreír, que de provocarte esas sonrisas me encargo yo”.

 

Autor intelectual: Juan Dosta



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