Nadie merece amar a la mitad. Ni tampoco nadie merece ser medio amado. Nadie merece pedir cariño y entregar el corazón a quien no tiene espacio para recibirlo. Nadie se merece ser una segunda opción. Ni una opción siquiera. Nadie merece entregarse por completo y recibir sólo la mitad, o menos de lo que se merece. Nadie merece ser un reemplazo temporal de otro corazón sólo para olvidar. Nadie merece que lo consideren “una carta bajo la manga” por si algo no les resulta. Nadie merece que lo humillen y lo traten como si fuese algo que se puede desechar si ya no les sirve. Y, sobre todo, nadie se merece ser el premio de consuelo de alguien. Nadie, ni siquiera tú mismo.

No aceptes un amor a medias, no permitas darle la importancia a alguien a quien realmente no le importas. No dejes entrar a tu corazón a personas que no lo merecen, personas que lo único que harán es robarse todo y que al irse lo único que te dejarán es un gran vacío por dentro y muchas heridas por sanar.

No caigas en la trampa de una persona infiel que emplea argumentos como: “no soy feliz”, “sigo allí por mis hijos”, “hace tiempo que ya no tenemos intimidad” sólo para pasar el rato contigo. No te prestes a dicho juego, no estés dispuesta a vivir en un mundo de mentiras, de falsas promesas, de ilusiones que rara vez serán realidad. No vivas un futuro incierto basado en utopías.

No viniste a este mundo a llenar vacíos de nadie, ni a ser pañuelo de lágrimas de alguien que no tiene valor de tomar decisiones importantes y resolver su vida. De alguien que no tiene el valor de curar sus heridas emocionales. Con lo que te ha costado sanar las tuyas como para permitir que llegue alguien y te quiera hundir en el abismo con él.

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No seas la sombra de nadie. Mírate en un espejo, naciste para brillar. Para caminar al lado de una gran persona que se sienta orgullosa de ti y que ese orgullo lo grite a los cuatro vientos, y por qué no, al mundo entero. No pelees por un papel importante en la vida de nadie, si alguien realmente te quiere en su vida, te dará tu lugar como la persona valiosa que eres para él. No compitas con nadie por el amor de alguien que no lo merece.

No permitas que nadie te haga dudar de un sentimiento que debería disfrutarse. No dejes que nadie robe tu dignidad y te haga olvidar quién eres, porque ¿sabes? El amor nunca, pero nunca se mendiga, se merece.

Estar con alguien simplemente porque no quiere quedarse solo, o porque era lo más fácil y cómodo, es el acto más egoísta que puede existir.

Todos merecemos un amor entero, firme. Y vivirlo plenamente, sin miedos, sin tapujos, sin la sensación de estar entregando demasiado sin recibir nada a cambio. Mira que aquí nadie es indispensable. Nadie muere realmente de amor y menos si es un amor tan pobre que no está a tu altura.

Y si alguna vez fuiste una opción, si permitiste un amor a medias, retoma de hoy en adelante el rumbo siempre siendo una prioridad. Porque dime ¿De qué te sirve esforzarte si al final le sigues valiendo madres? ¿O acaso eres tan masoquista que no te duelen los desplantes? No lo creo. Por eso, ámate, respétate y valórate, porque al igual que cualquier otra persona, eres importante, única y tienes mucho que ofrecer. De verdad, créeme, no viniste a este mundo a que mal te amen, tú no necesitas un amor a medias. No te conformes con migajas de tiempo y de amor. Si aceptas migajas, y a eso le llamas amor, es porque tienes miedo que nadie más te pueda amar. Las migajas son para personas conformistas, inseguras que no aspiran a más porque, simplemente, no creen merecerlo, y tú, tú lo mereces todo.

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Siempre habrá alguien que te haga sentir tan increíble como piensas que eres. Que te demuestre que realmente le importas encontrando siempre una manera de estar contigo. Alguien que te respete y te comprenda, que te tome en cuenta en sus decisiones y le guste tu manera de ser. Alguien que te dedique tiempo sin necesidad de pedírselo. Alguien que te ame sin pretextos y te dé el lugar que te mereces, no sólo sexo y efímeros momentos de felicidad.

“Te agradeceré siempre que si ya no te emociono, si tus ojos no brillan más por mí, si mi presencia te es una puta molestia, si tus besos saben a desgano, si no sonríes cuando me piensas, si no te confundo, si no te hago perder la luz oscura de la razón, si ya no soy prioridad para ti… no me elijas, déjame ir. Porque quizá signifique que al menos consideraste no hacerle daño a alguien que de verdad te amaba. Porque al fin entendiste que nadie se merece un amor a medias.”

Autor:  Karla Galleta



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