Mi talón de Aquiles.

Cuando creí que no podía creer en nadie, apareciste.

Llegaste sin pensarlo, sin imaginarlo y ya andabas por aquí.

Eres mi primer pensamiento en la mañana, despierto buscando alguna señal tuya, un mensaje, una notificación, algo que me diga que te acordaste de mí.

Cada sonido de algo nuevo pienso que eres tú, me emociono al ver tu nombre en mis notificaciones, debo de admitir que es el único nombre que me importa que aparezca. Dos palabras, mucho significado.

Me gusta que te acuerdes de mí con pequeños detalles, que me platiques tu día, que me cuentes qué haces.

Me gusta acostarme pensando en ti, y a veces quisiera soñarte.

Escucharte me saca sonrisas, mi estómago está lleno de mariposas, me pongo feliz.

Provocas la sonrisa más bonita que he tenido… Y ni siquiera lo sabes.

Eres mi debilidad, porque juro no escribirte hasta que tú lo hagas, y aquí me tienes mandando un HOLA, un QUÉ HACES.

No quiero promesas, no quiero falsedades, sólo quiero sinceridad, algo bonito, tener que contarte algo de mi día, ver algo y tomarle foto porque me acordé de ti, compartir algunos gustos o que me enseñes de los tuyos, que compartamos gustos musicales, o que me enseñes a bailar.

Quiero perderme en tus ojos, esos que cuando me ven siento que soy todo, en tu sonrisa que me muestra que estás a gusto a mi lado, esa risa que me contagia de felicidad.

No tengo idea de si sepas todo esto, todo lo que puedes provocar en mí, y sabes… No quiero que lo sepas, que si no sé de ti me pongo mal, que tienes que ver con mis estados de ánimo o que un simple mensaje tuyo alegra mi día entero.

No te vayas.

No te alejes.

Sigue alimentando esto, que no sé que sea, que no tiene nombre y tal vez no tenga, no quiero nombrar algo que no sé que siga, que curso tome, o que vaya a pasar.

Sólo quiero tenerte aquí, de alguna manera, conmigo.

 

por Débora Carrasco

 



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