El, un chico apuesto de buena familia con sonrisa encantadora y unos labios que le incitan a ella a besarle, Ella una señorita  humilde de buena familia de sonrisa picaresca y curvas sin fin.

Ellos, una noche de junio en una céntrica calle de la popular Vegueta; se reúnen muchos amigos con los cuales desean pasar una espectacular noche, sin saber el resultado, una copa de vino tinto, una de las mejores copas de la casa marsalá amenizan la tan esperada  noche, los vinos van y vienen, la música, las risas, los abrazos, las confidencias, nuestras manos, un cigarro de su boca inspiró la noche…

 

Deciden que después de los vinos una copa podría estar bien, un Gintonic de Bombay, norbic azul, unas gotas de Lima y por ultimo un buen meneo, empieza la noche…

No sabía que le podía gustar aquel chico con el cual hacia ya mas de dos años se conocían, con el que tenía confidencias y compartían muchos momentos, una foto, ese beso y después muchos mas, promesas, visualizaciones a futuro y los por que no?

Recorrieron con ellos cada flamante esquina de aquel recorrido a su casa cuatro calles, dos plazas, muchos descansillos fueron cómplices de esos besos que juraron nunca olvidar  y aquellas risas de fondo, dos maravillosas amigas que nunca nos dejaron solos.

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Su casa, tan limpia y ordenada, su cama tan grande y sin una arruga.

Él ese caballero que yo desee, ese amor imposible, ese que con solo mirarlo se me acababan los problemas, el que robaba mis suspiros desde aquella noche, por que antes de esta solo era un amigo mas.

Por: Shirley Escamilla



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