Tú me enseñaste a soñar con los ojos abiertos, contigo descubro que no es necesario estar dormida para tener hermosos sueños, basta con sentirte a mi lado toda la noche, escuchar tu voz diciendo mi nombre, recibir tus caricias y disfrutar tus besos, esos besos que alimentan mi alma y que nunca son suficientes, llenos de ternura y tranquilidad, a veces apasionados, otras tantas exigentes e indomables que fluyen a través de mi ser y que me convierten en la mujer que actualmente soy; soñadora, llena de esperanza en un futuro mejor, con fuerza para enfrentar las inclemencias del destino y dar lo mejor de mí en cada acción que realizo.

Tú me enseñaste que los besos son el reflejo de los sueños, por eso cada vez que te beso lo hago con los ojos cerrados y cada vez que sueño lo hago con los ojos abiertos porque Tú y solo Tú has cambiado el orden de mi mundo, de mi realidad, de mi existencia.
Tú me enseñaste que la fe es fundamental en la vida y una valiosa aliada para realizar nuestros sueños; juntos o separados pero nunca dejar de soñar, esforzarnos por alcanzarlos una y otra vez para seguir recorriendo este maravilloso mundo y disfrutar el camino que se llama “felicidad”.
Tú me enseñaste que la distancia no existe si de verdad se ama, no hay excusas ni pretextos que impidan que el corazón comunique lo que siente y anhela.
Tú me enseñaste que las diferencias enriquecen la convivencia, que siempre se aprende de ellas, que su diversidad es tan basta que el aburrimiento jamás tocará a la puerta, que prácticamente la diversión y alegría están a la vuelta de la esquina casi todos los días.

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Tú me enseñaste que el corazón no conoce de edades, cierto que envejecemos un poco todo los días pero el amor que da y recibe el corazón, ese jamás se marchita, siempre se mantiene fuerte, perfecto, joven, saludable, puro, sincero e incondicional aunque las circunstancias de la vida cambien.
Tú me enseñaste otra manera de amar que no entendía, sin ataduras, sin expectativas, sin límites y que con solo “apapacharme” me haces sentir inmensamente feliz aquí y ahora.

Autor: Claudia F. Vergara Neria.



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