Rueda tu adiós como un remolino al viento en una cálida tarde de verano.
Mientras viajo por los senderos del pasado, en la ruta del olvido te encuentro a vos, como a tantas otras personas que me dijeron adiós, sin un hasta luego.
La gente que viaja a mi alrededor esta ensimismada, sumergida en su ego, apenas ríen y jamas se miran a la cara.
Yo soy una espectadora, porque ser invisible tiene sus ventajas, y es poder ver a los demás aunque ellos no te vean.
Me duele tu adiós, un adiós egoísta, un adiós mas tuyo que mio.
No me dejaste revancha. Como buen cobarde te hundiste en tus miedos y me abandonaste cuando mas te necesitaba.
Rueda tu adiós al compás de las ruedas del colectivo, el colectivo que transita la ruta. La ruta que es un collage bizarro de mi vida. Rueda solitario, sombrío y como si estuviera un poco ebrio.
Trato de alcanzarlo para paralizarlo, para detener el daño que me esta haciendo, pero es imposible.
 
Rueda y se va haciendo mas grande, mas poderoso; inescrupuloso.
A veces pareciera que tu adiós hizo mas mal en un día que todo el mal que recibí a lo largo de mi vida.
Hasta pareciera que se riera de mi desgracia con un poco de cinismo y otro poco de contemplación del ganador sobre el derrotado.
Tu adiós tuvo mas poderes en mi vida que tu amor…que tristeza.
Hasta pareciera que lo escucho en una canción de amor que suena en la radio, y que el chofer sube para que la escuchemos mejor.
Una canción de amor optimista, alegre, una canción que deseo para mi , pero tu adiós me hace “oso” otra vez recordándome lo imposible de tu amor.
Algunos comienzan a descender del colectivo, yo me quedo última mientras observo cada movimiento de la gente. Me pregunto si también a ellos alguien les habrá regalado un adiós.
Decido formar parte de la manada de gente que baja del colectivo; es hora de unirme a ellos.
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Es inevitable, he llegado a mi destino y nadie pero absolutamente nadie me espera.
Suspiro hondamente mientras siento como una bocanada de aire caliente ingresa por mi boca. Sonrío.
Nadie me ve pero no voy sola, llevo tu adiós conmigo a todos lados. Ahora comienza a esparcirse por doquier, como ramificaciones que emergen de mi cuerpo, de mis entrañas y danzan al unisono de cada paso que doy. Están en cada cosa que veo, en cada cosa que toco, envolviendo todo con tu maldito adiós. Hasta la señora que pasea con su marido de la mano y a quien no puedo ignorar a causa del peinado extravagante que lucia se tiño con de tu adiós, le bailoteo en la cabeza haciendo muecas graciosas que casi me arrancan una carcajada; tuve que voltearme para que no me vieran reír. Si sera maldito tu adiós, si lo será.
Por: Florencia Flacco


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