Los niños tienen sus propias formas de ver, de sentir y de pensar. Lo peor que podemos hacer como padres es intentar modificarlas y sustituirlas por nuestras propias formas de ver, sentir y pensar, como si quisiéramos moldearlos a nuestra imagen y semejanza. El mundo de los niños está hecho de sueños y hay que dejarlos ser en libertad para que se desarrollen como a ellos les plazca, claro, sin que nosotros dejemos de ser una guía para ellos.

Desafortunadamente, estamos viviendo en un mundo que está tratando a los niños como si fueran adultos que tienen que competir en un mundo que está hecho sólo para los privilegiados. Por ejemplo, en Reino Unido los padres están preparando a los niños desde los 5 años para que a los 6 puedan entrar a los mejores colegios de élite. Se está convirtiendo en “opositores” a niños que deberían estar jugando en los parques.

Muchas mamás están preocupadas por ponerles a Mozart a los pequeños desde que están en el vientre. Otras, desde niños les procuran acelerar sus competencias para que se muestren superiores a los otros niños: que si cursos especiales de lectura, de matemáticas, de lengua extranjera, etc. Esto, lo único que está creando es que generaciones enteras de niños muestren signos tempranos de estrés.

“¿De qué nos sirve un niño que sabe decirnos cómo se llaman las lunas de Saturno si no sabe cómo manejar su tristeza o su rabia? Eduquemos niños sabios en emociones, niños llenos de sueños y no de miedos”.

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Pero, ¿en verdad toda esta carga de trabajo extra para los niños vale la pena? ¿Vale la pena todo ese coste emocional, el perder su infancia? ¿Vale la pena el seguir patrones de competitividad desde los 5 años para que el niño sea una persona de éxito? Según el doctor Lee F. Harrison, de la Universidad de Washington, “a día de hoy no existen estudios concluyentes que respalden la idea de que ‘acelerar’ ciertas competencias, como es el caso de la lectura, en niños de 4 años sea tan positivo ni que repercuta a largo plazo en su desempeño académico. Lo que se consigue en muchos casos es que los pequeños empiezan a conocer dimensiones como la frustración, el estrés y ante todo, tener que ajustarse a las expectativas paternales”.

Afortunadamente, ante la aceleración de los aprendizajes y las competencias, hay otros enfoques que los padres pueden seguir para criar a sus hijos de una manera más consecuente con sus pequeños sueños y con su inocente mundo, sin presiones y a su propio ritmo. Estos son el slow parenting y la crianza respetuosa.

Slow parenting

El “Slow Parenting” o la crianza a fuego lento es el fiel reflejo de esa corriente social y filosófica que nos invita a ir más despacio, a ser más conscientes de lo que nos envuelve. Por ello, en lo que se refiera a la crianza, se promueve un modelo más simplificado y paciente, con el que respetar los ritmos del niño en cada etapa evolutiva.

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Los ejes básicos que definen el slow parenting serían los siguientes:

  • La necesidad básica de un niño es jugar y descubrir el mundo.
  • No somos los “amigos” de nuestros hijos, somos sus madres y sus padres. Nuestro deber es amarlos, guiarlos, ser su ejemplo y facilitar su madurez sin presiones.
  • Recuerda siempre que “menos es más”. Que la creatividad es el arma de los niños, que un lápiz, un papel y un campo tienen más poder que un teléfono o un ordenador.
  • Comparte tiempo con tus hijos en espacios tranquilos.

La crianza respetuosa

Estamos seguros de que ya has oído hablar de la crianza respetuosa. A pesar de que lo más conocido de este enfoque sea el uso del refuerzo positivo por encima de la sanción o los típicos regaños, este estilo educativo encierra otras muchas dimensiones que merece la pena tener en cuenta.

  •  Hay que educar sin gritar.
  • El uso de las recompensas no siempre es adecuado: corremos el riesgo de que nuestros hijos se acostumbren a esperar siempre gratificaciones sin comprender el beneficio intrínseco del esfuerzo, del logro personal.
  • Decir que “no” y ponerles límites no les va a generar ningún trauma, es necesario.
  • La crianza respetuosa hace uso intenso de la comunicación, de la escucha y la paciencia. Un niño que se siente atendido y valorado es alguien que se siente libre para conservar esos sueños de infancia y darles forma en la madurez.

Recuerda, sobre todo, que hay que educar a tus hijos con amor, pues ese es el pilar de una crianza exitosa. No está mal querer que nuestros hijos sean exitosos y competitivos, pero, sobre todo, es importante que aprendan a ser buenas personas que se conozcan a sí mismas y que nunca dejen de perseguir sus sueños.

 

Autor intelectual: Sara Tibet

 



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