De pronto abres los ojos y te das cuenta de que no fue un sueño, que en verdad pasó. Sabes que esa persona no volverá y te aferras al pasado porque temes al futuro, o quizá porque extrañas lo que solías ser. Es un hecho que lo que te parecía tan conocido hoy se ha vuelto incierto. Te das cuenta que pasas la vida comenzando relaciones con extraños para así, de la misa forma , terminar como extraños. Conociendo gente que ahora ya desconoces.

 

 

Es muy interesante pensar en la forma en que las personas que significaban todo, un día se convierten en nada de nuevo. Y muchas veces, lo que sucede después de que eso sucede, nos dice mucho más que la misma relación ¿y sabes por qué? Porque aunque ahora sean dos perfectos desconocidos, en realidad nunca dejarán de conocerse entre sí.

O dime, ¿De verdad olvidas los cumpleaños de tus amores, o sus primeras veces (intimas o no)? ¿Sus aniversarios se convierten en días normales del año? ¿Las cosas que hiciste y prometiste realmente se neutralizan? ¿Se anulan ahora que han terminado o sólo decides ignorarlas porque no hay otra opción? Creo que tu mente te dice que sigas adelante y obliga a tu corazón a obedecerla.

Porque quizá no hay otra opción, más que tratarlos como extraños o creernos que es así, convertirlos en personas diferentes, porque sería mucho más doloroso recordar a aquella persona como la que conocía tus ansiedades, tus debilidades, tus deseos más íntimos, tus alegrías, tus tristezas, lo que te hacía llorar y hasta lo mucho que lo querías (o quieres).

Y es que cuando nuestra vida gira alrededor de alguien, simplemente no deja de darnos vueltas, aún cuando lo único que queda en la memoria es dolor y pena. Porque los amaste, siempre habrá partes de ellos que se quedarán.

Los recuerdos que están impresos en los lugares a los que fueron, las cosas que dijiste, cómo te sentías y las canciones que escuchaste, permanecerán por siempre. Eventualmente, todos nos vemos parados en la fila para pagar escuchando una de esas canciones y de repente nos damos cuenta, que seguimos dando vueltas a su alrededor. Y que quizá nunca nos detendremos, porque alguien que fue realmente importante en nuestra vida, independientemente de cómo termine la relación, no podría ser un extraño.

despedida

Todos comenzamos como extraños. Las elecciones que hacemos en términos del amor son, usualmente, las que parecen inevitables. Encontramos a las personas irracionalmente atractivas. Encontramos almas hechas de la misma materia que las nuestras. Encontramos compañeros de escuela, parejas, vecinos, amigos de la familia, primos y hermanos y nuestras vidas interactúan de manera que nos hacen creer que nunca podríamos estar separados. Y eso es encantador. Pero la facilidad y el acceso no es lo que necesitamos. No es sobre lo que estoy escribiendo. No es sobre lo que seguimos girando alrededor una vez que se han ido.

Quiero creer que cuando amamos (de verdad) a alguien , de alguna manera, lo hacemos para siempre, o en realidad nunca lo hacemos. Que una vez que dos reactivos químicos se cruzan, ambos cambian para siempre. Que las heridas que dejamos en las personas muchas veces están demasiado frescas para arriesgarnos a caer de nuevo en ellas. No quiero creer que nos olvidamos simplemente porque no importamos más. ¿Podría ser posible que después del amor viene el olvido?

Todos estamos esperando a que otro universo se estrelle contra el nuestro, a que cambie aquello que no podemos hacer por nosotros mismos. Que nos llene, que nos complete. Es interesante cómo después, nos damos cuenta que la tormenta regresa a la calma, pero las estrellas están cambiadas para siempre y no elegimos quién colisiona con nosotros.

 

 Todos comenzamos como extraños, pero seguido olvidamos que también elegimos quién termina como extraño.

 

Autor: Karla Galleta



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