Es algo muy difícil, pero hay cosas que nunca podré decirte. Simplemente no puedo, porque cada vez que te veo siento cómo me tiemblan las piernas y el corazón me palpita a mil por hora. Todo el tiempo estoy pensando en tu sonrisa sincera y en tus ojos hipnóticos, pero jamás podré decírtelo porque simplemente me paralizo ante tu presencia.

Me gustas demasiado, quizá como nunca nadie me ha gustado antes, pero decírtelo es imposible, porque soy un manojo de nervios cuando te veo. Te juro que, si algún día me tocaras, o al menos rozaras tus dedos con los míos, caería desmayada de la impresión.

Será imposible hablar contigo sobre mis sentimientos hacia ti, porque si te miro a los ojos me quedo sin palabras, aunque por dentro me esté muriendo por decirte algo muy sencillo: que estoy enamorada de ti. Y no es por miedo al rechazo; de hecho, generalmente soy muy abierta y suelo expresar lo que quiero con facilidad, pero contigo no sé qué me pasa que se me hace un nudo en la garganta y no puedo articular sonido alguno.

Todos los que me conocen saben que soy muy impulsiva, que no me pienso las cosas dos veces para ir por ellas, pero contigo es diferente, tú me intimidas por alguna extraña razón. Desearía caer rendida en tus brazos y nunca separarme de ti, pero sé que eso no va a pasar, porque, para empezar, no puedo decirte lo que siento.

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No sabes cuántas noches he soñado que nos besamos, que me dices que sí quieres andar conmigo y que nos vamos de la mano caminando por las calles, bajo la lluvia. Pero nunca te lo podré decir, lamentablemente.

Siempre estoy buscando el momento perfecto para decirte lo que siento, pero sencillamente no me atrevo.

Pero ahora que has leído esto, no sé qué vas a pensar de mí.



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