¿Por qué lloro por un recuerdo? ¿Por qué me culpo de todo? ¿Por qué me duele que me superes? Si me he pasado todo el tiempo creyendo que eras tu quien provocaba el daño, la incertidumbre del que vendrá mañana,  y pensar que yo te olvidaría antes y me dolería menos.
Sentir que me haces falta hasta para levantarme de la cama.

Echar de menos hasta tus malas palabras.
Quizás esté sea un claro ejemplo de la típica frase: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
Me doy cuenta, ahora, tarde,  de que quiero ese futuro que planeamos y lo quiero contigo.  Creo de verdad con toda mi alma, como nunca hice antes,  que podemos conseguir lo que nos propongamos.

Cada uno con sus defectos y virtudes.  Ninguno fue un ejemplo a seguir,  ninguno, aunque lo intentáramos (pensábamos)  dejándonos el pellejo consiguió nunca ponerse en el lugar del otro.

Nuestras conversaciones siempre (pensábamos) ocultaban reproches, mal humor y quejas.
Ahora,  me doy cuenta de cuantas veces pelee contigo por cosas absurdas o que sólo ocurrían en mi cabeza,  cuantos momentos bonitos estropeamos solo por “el placer” de no querer entender lo que queríamos decirnos. Por interpretar nuestras palabras como nos venía en gana y según nuestro estado de ánimo,  y no preguntar al otro con qué intención las decía.
Siempre remábamos con fuerzas,  pero siempre en direcciones opuestas y nunca en el mismo momento.
¡Me dabas tantos dolores de cabeza con tus actitudes! Pero… Dios… ¡Cómo los echo de menos!

Hoy, debo pedir disculpas por mi obstinación, por mi falta de comprensión, por el amor que entregué de forma incorrecta, por la falta de TE QUIERO,  quizás también por la falta de demostraciones de afecto, por no decirte lo mucho que me completabas y lo que me gustaban tus ojos cuando me mirabas con tanta admiración , darte las gracias por ese gran sentimiento que estás extinguiendo, que siento tan lejos y tanto echo de menos, ahora que no estás.

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Y que duele,  como si me arrancaran el corazón.
Me encantaría y sé que podría enamorarte de nuevo, si me dieras una sola oportunidad.
¿ Pero quien soy yo para pedir tal cosa? Solo hundí tus sueños y de paso me llevé los míos al inframundo.
Ojalá y algún día pueda quitarme todo este sentimiento de culpa por no creer realmente en lo que tenía (era difícil)  y así poder encontrarme contigo, mirarte a los ojos, rodearte con mis brazos y besarte, como nunca hice antes.  Como nunca nadie lo hará.
Una nueva forma de empezar a caminar juntos … O de poder decirnos adiós para siempre y despedirnos en ese cruce de miradas y sentimientos.



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