Tengo esa mala costumbre de  querer a  quien no debo querer, esa mala costumbre de enamorarme de esa clase de hombres que prefieren no complicarse la vida, no lidiar con las heridas, ni mucho menos con los reproches.

Creo que es más una cuestión de mala suerte o de  necedad, o quizá sea culpa de  mi cerebro que se volvió irracional cuando se convenció de que eras tú el hombre perfecto para amar.

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Creo que soy más débil de lo que llegué a pensar, pues me bastó una sonrisa para confiar, para idealizar a tu lado  un mundo que nunca fue real, me bastó una promesa para arriesgarlo cada anhelo, para entregarte  lo mejor de mi sin pensar.

Lo triste del asunto fue cuando me di cuenta de la verdad, pues ya había tocado fondo, ya era demasiado tarde para escapar de tu red de perversidad, tarde me di cuenta de la falsedad de tus palabras, de tu fría trampa, de tu táctica para jugar y siempre ganar.

Lo que más me duele es esta ausencia que me dejas al marcharte, lo que más me preocupa es tener que lidiar con el recuerdo de tu ausencia que me duele cada día más.

Aun no entiendo las razones de tus malas intenciones, o que te motivo a lastimarme cuando jugabas a enamorarme, te juro que no entiendo que te hice yo para que me trataras tan mal, pero debes saber que aunque soy yo quien hoy sufre, ya llegará el día en que la vida te cobre cada lagrima que me haces llorar.

Sé que por ahora tu ego no te dejará aceptar que has perdido lo mejor que te pudo pasar, pero cuando te invada la soledad, entenderás que mi cariño era sincero, que te amé al grado de poner en riesgo mi  mi dignidad

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La verdad es que aunque me duele no tenerte, puedo entender que fue un golpe de suerte perderte, pues hombres como tú, solo saben hacer llorar…

Tendré que despojarme de una vez de estos malos hábitos, sobre todo este de aferrarme a las personas que no se quieren quedar.

Escrito por:    Señorita Libélula.

 

 

 

 



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