No es fácil para nadie soportar el dolor. Todos hemos vivido alguna ocasión de tristeza, dolor, traición e incluso algunas ocaciones pudimos sufrir hasta maltrato físico.

No dejes bajes la cabeza ante nadie a pesar de que las lagrimas broten por todo tu rostro. No dejes de mantener la cabeza bien en alto, mira a tu dolor a los ojos y no importa que vea tus lágrimas lo que importa es que vea que eres capaz de seguir adelante, de mirarlo a los ojos pero que además eres capaz de ser sensible y admitir las derrotas; el admitir una derrota no es cobardía, al contrario el admitir la pérdida, admitir que perdiste algo es de valientes. Es de valientes sacar todo el dolor que llevas dentro, afrontarlos y seguir caminando a pesar de ellos. Es valentía tener que usar por el dolor para dejar ir algo o a alguien que no te pertenece y es valentía seguir adelante y dejar atrás, en el pasado, todo eso que te hizo mal, todo eso que te dejo un hueco en el pecho, todo eso que tantas noches te atormento y lleno tu rostro con llanto.

Tener dignidad es no dejar que otra persona nos haga más daño del que nos hizo alguna vez. Tener dignidad es dejar de lado todo incluso el amor para poder superar todo lo que sintamos dentro de nosotros. El tener dignidad es una parte de la venganza que cae sobre esa persona quién nos lastimo porque sabrá que a pesar de todo lo que hizo para lastimarnos, para derrumbarnos no pudo hacerlo, sino que nosotros fuimos aún más fuertes superando todos eso momentos amargos que se encargó de traer a nuestra vida. Tener dignidad es no permitir la burla, es no dejarnos humillar más sino que es la manera, es la fuerza que nos permite cambiar de camino; decidir un rumbo nuevo que nos llevará a un refugio donde nadie podrá entrar jamás a lastimarnos de nuevo.

La dignidad no depende de terceros sino que depende de nosotros mismos. En nuestras manos esta el poder, la oportunidad de dejar todo por lograr nuestra propia felicidad. En nuestras manos está el momento en el que sabremos cuando debemos huir y en que momento debemos permanecer donde estamos. En nuestras manos se encuentra el reaccionar y hacer lo mejor de nosotros mismos, de no dejar entrar la amargura, el odio e incluso la soberbia, sino el mirar hacía enfrente y seguir caminando para no volver atrás. Seguir caminando para olvidar lo que ya sucedió tratando de no guardar ni una sola gota de amargura o venganza en nuestro corazón. Tratar de no envenenarnos a nosotros mismos con sentimientos que no valen la pena, sino que debemos sonreír esperando que algún día seamos capaces de no solo sonreír por los males que pasamos sino también reírnos de ellos. Siempre debemos caminar hacía adelante evitando de voltear hacía atrás, evitando de regresar la página del libro de nuestra vida.

Recuerda que nadie hará buscará lo mejor para ti, solo tú puedes hacerlo.

 



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