Te extiendo una invitación sincera a ser el dueño de mis días, de mis tardes, de mis noches, a poseer mi alma con la misma intensidad que mi cuerpo, a acariciar los pétalos rojos de la flor de mi corazón y abrazar fuertemente mi espíritu para que nunca pase frío ni se sienta desprotegido por la madrugada, cuando la oscuridad asalta.

Te invito a besarme toda, completita, sin dejar resquicio alguno sin repasar por tus labios, incluso las llamadas “partes muertas” del cuerpo, como las uñas o el cabello.

Te invito a ser el hombre de mi vida, a amarme y respetarme por siempre, si tú quieres, porque por eso es una invitación, apelando a tu voluntad, no es tu obligación, y así me gusta, que nazca de ti ser mío, solamente mío.

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Te invito a contemplar el fondo de mi alma y a verte reflejado en ella. ¿Qué ves? Puedo asegurarte que verás puro amor, porque eso es lo que existe dentro de mí, y te lo quiero dar a ti, sólo a ti, porque lo mereces, ya que eres el hombre de mis sueños, con el que siempre quiero estar.

Te invito a sonreír junto a mí, a reírnos de la vida, a tomarnos la existencia con humor, que a final de cuentas todo esto no es más que una broma, pero una broma de buen gusto.

Te invito a tomar muchas fotografías, a sacarnos muchas selfies en lugares variados, en la playa, en el campo, en muchas ciudades alrededor del mundo.

Sí, te invito a viajar, a conocer este globo llamado planeta Tierra, que la vida es una y hay tanto espacio por conocer, y yo lo quiero conocer a tu lado.

Te invito a conocer a papá, a mamá y a mis hermanos, sé que los vas a adorar y que ellos te van a recibir como parte de la familia. Son gente muy amena, abierta y amable, nada sangrones ni pesados; en verdad me gustaría que los trataras y que se llegaran a estimar entre sí.

Te invito, por último, a que escribamos una historia juntos con nuestra vida en pareja. A que construyamos una relación bonita, sólida, estable, que sea modelo y hasta envidia para los demás.

Te invito, en fin, a amarme.

¿Quieres?



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