Hombres que nunca prometen nada pero que te dicen lo suficiente para mantenerte a su lado. Que nos permiten imaginar que en algún momento seremos un equipo, que caminaremos juntos y enfrentaremos todo lo que nos encontremos. Pero que nunca llegan a puerto.

Estas relaciones son las más dolorosos, nos ilusionan para luego dejarnos, porque ya no somos útiles para ellos, porque el vacío que sentían ya no existe. Cubrieron su soledad con nuestro amor, aprovecharon cada instancia posible para satisfacer sus necesidades de atención, cariño y compañía. Hicieron esto con el conocimiento que nunca nos querrían, siempre conscientes que éramos solamente momentos en su vida.

Luego de todos los abrazos, besos, caminatas, sonrisas, mañanas de despertar juntos, toman sus cosas y se van, dejándonos sin ni un aviso previo de la mano de otra mujer. Y ahí es cuando nos damos cuenta de que nunca nos quisieron, y que cada una de las cosas que hicimos por él no valió nada. Nos quedamos con nuestro sufrimiento, solas, vacías y cuestionándonos ¿cómo no nos dimos cuenta de la verdad?, ¿qué nos faltó por hacer para que se mantuviera a nuestro lado? o la pregunta que más duele ¿qué tiene ella que a mí me falto?

Empezamos a recordar cada momento junto a él, o lo que estará haciendo con ella, nos damos vuelta en un dolor profundo y lo único que deseamos es que vuelva, que nos pida perdón y otra oportunidad. Oportunidad que dentro del amor que sentimos por él, se la daríamos en 2 segundos.

Pero al mismo tiempo nos llega un sentimiento de rabia en el que nos repetimos que hicimos todo en nuestro alcance, que le dimos todo el apoyo, compañía, comprensión y amor posible. Que no fue nuestra culpa, que fue él quien no fue capaz de amar. Que le entregamos más de lo que merecía.

Tratamos de seguir adelante, y que los días avancen con la esperanza de sentirnos mejor a medida que pasen las horas, que ese dolor que se siente infinito, disminuya o desaparezca, porque sabemos que podemos vivir sin él, es solo que no queremos, y duele no poder vivir con la persona que amas.

Pero a pesar de todo aquello sabemos que las cosas mejoraran y que un día podremos mirar atrás y darnos cuenta de que el dolor que sentimos que nos iba a matar solo nos hizo más fuertes. Que las noches eternas, solitarias y dolorosas nos hizo desear un amanecer mejor. Que las lágrimas que derramamos se secaron. Y que la persona que de verdad perdió fue él, porque abandono a quien lo amaba en todas sus formas, quien habría dado todo por él. Perdió a la mujer que lo acompañaría a donde fuera.

Por: Octavia Bustos



     Compartir         Compartir