Créeme, no es fácil, pero hoy he decidido decirte adiós. Y no me voy porque no te ame, sino porque te di tanto y recibí tan poco (de hecho, podría decirse que no recibí casi nada) que me quedé vacía por completo, y eso no está bien. Te di la oportunidad de que valoraras todo lo que yo hacía por ti, pero nunca lo hiciste, preferiste mirar para otro lado (sí, así como te le quedabas viendo a otras chicas en la calle), y aún hoy tengo la tonta esperanza de que me dirás: “espera, no te vayas, perdóname, he sido un tonto”. Pero como una amistad me digo hace días, tú no vas a recapacitar porque yo lo desee, porque no se trata de mi voluntad sino de la tuya.

Supongo que aún conservo un poco de la ilusión original porque en el fondo estoy bastante confundida: ¿es que cómo puede ser posible que esto esté pasando si lo nuestro era tan perfecto? Eras el hombre con el que siempre soñé, por fin nos teníamos, todo era dicha y felicidad y por alguna extraña razón tú te empeñabas en decepcionarme una y otra vez. Aguanté traiciones, engaños y hasta maltratos, pero continué hasta donde pude a tu lado porque te amaba, y aún te amo, pero mi paciencia tiene un límite y hoy lo has conocido. No me voy porque te desprecie, me voy porque te amo tanto que no puedo tenerte a medias, con este sufrimiento cada vez que te vas y yo preguntándome “¿qué estará haciendo ahora para defraudarme?”, “¿cuándo lo volveré a ver?”, “¿me llamará siquiera?”

Alguna vez me dijiste que yo merecía lo mejor de este mundo. Pues déjame decirte que tú no eres precisamente lo mejor que haya podido encontrar, así que te pido, por favor, por lo que más quieras, que no me vuelvas a buscar, porque ya no soportaría otra decepción más. Sí, lo confieso, durante mucho tiempo me causaste mucha dicha y felicidad, pero hoy lo único que me provocas es tristeza, angustia y desesperación, y este amor que te tengo me está dañando tanto que no puedo seguirlo manteniendo por más tiempo.

A pesar de todo, espero que te vaya bien en la vida. No te guardo rencor, no puedo, simplemente mi corazón no tiene espacio para ese tipo de sentimientos tan pesados. Me llevo, eso sí, los buenos recuerdos, lo poco o mucho que compartimos en paz y tranquilidad, nuestros mejores momentos, que, aunque al final no fueron tantos como yo hubiera querido, sí fueron bastante especiales y siempre, siempre, los atesoraré. Acepto mis errores, porque también los tuve, y espero que, por tú bien, aceptes los tuyos y te propongas enmendarlos, para que, si algún día, vuelves a tener un amor, no lo arruines como arruinaste el nuestro. Ahora, es tiempo de partir: dejar de amarte no puedo; abandonarte, puedo, debo y quiero, por mi bien.

Autor intelectual: Paula Gutiérrez



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