Ser madre es el sueño de la mayoría de las mujeres, casi todas nos imaginamos siempre el momento en que cargaremos a ese pedacito de amor que salió y creció dentro de nosotras. Pero por más veces que lo imagines, jamás sabrás la dicha tan grande que es ser madre hasta que lo sientes en carne propia, hasta que sientes sus piernecitas y bracitos moviéndose en tu vientre, el amor que se siente cuando lo ves y abrazas por primera vez       es inigualable, inexplicable, es como tocar el cielo con las manos.

Te amé desde que sentí tus primeros latidos en sincronía con los míos, eres esa cita a ciegas en la que definitivamente conoces el amor para toda la vida, el verdadero amor incondicional, es un amor diferente a los demás, es un amor de verdad.

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Desde que supe que te llevaba en mi vientre me sentí orgullosa de ser tu madre, pero nunca sentí más dicha en mi vida que cuando con tu voz apenas entendible dijiste “mamá” fue ahí en donde la palabra por segunda vez tomó sentido para mí, la primera fue cuando tuve uso de razón y vi a mi madre.

Mi cuerpo fue cambiando conforme tú te ibas formando y creciendo en mi vientre, te convertiste en mi confidente, te hablaba todo el tiempo y sabía que me escuchabas y que sentías mis caricias a través de mi barriga que cada vez se movía más, cada vez crecía más.

Aunque no todo fue perfecto en esos 9 meses, pues tuve días en los que el mundo se me caía a pedacitos, pues fue un embarazo difícil, no cambiaría ninguno de los síntomas que me hiciste pasar mientras estabas creciendo en mi vientre.

Cada antojo a las 3 de la mañana, cada nausea que muchas veces llegaba hasta el vómito siempre en los lugares y situaciones menos apropiadas, esos desvelos por tu inquietante movimiento, esos arranques desenfrenados de hambre en los que creí poder comer una vaca entera rellena de queso, todo eso es el precio justo por ver ese pedacito de amor.

Ya han pasado varios años desde que naciste, pero recuerdo como si fuera ayer, todo lo que sentí cuando por fin pude tenerte en mis brazos, cuando por fin pude besar esa naricita redonda, cuando abriste tus ojitos, fue el sentimiento más hermoso que se puede experimentar.

Desde ese día supe que jamás volvería a estar sola, quizá no  me escuchaste, pero despacito al oído te dije que me encargaré de que nada te pase, de que nada te falte, quiero criarte como mis padres lo hicieron conmigo.

Pondré todo mi empeño en que seas un chico de bien, te enseñaré a ver el mundo con los ojos del corazón para que puedas distinguir lo bueno de lo malo. Sé que no puedo evitar que te caigas pero si puedo darte la mano para que te levantes.

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Te enseñaré a amar ya respetar a las mujeres, pues llegará el momento en que crecerás y seguirás tu propio camino, pero sé que tendrás las bases para hacer lo correcto, del mismo modo voy a trasmitirte el amor y el respeto por los animales y la naturaleza, de esa manera, aunque para mí ya lo eres, serás para el mundo entero un orgullo andante. Me esforzaré para que todos estén tan orgullosos de ti como yo lo estaré toda la vida.

Desde que saliste de mi vientre me encargué de enseñaré todo lo que hay en el mundo, pues todo era nuevo pera ti. Sin embargo, tú me enseñaste la mejor y la más grande lección de toda mi vida, me enseñaste a ser madre y es una sensación sin igual.

Te amo hijo, y eso es algo que no va a cambiar jamás

Idea original: Shoshan.

 

 



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