Hace algunos meses me envolví en una rutina diferente, una situación aparentemente fuera de lo normal: un apoyo a una amiga en situación difícil. Escuché sus problemas, dí consejos, limpié sus lagrimas… Todo iba bien, cuando no sé en qué instante se convirtió en algo más: una aventura, y al cabo de un tiempo llegó el momento que pensé que nunca llegaría, que mi esposa se enterara.
Yo por supuesto negué todo, como todos negamos algo que no nos conviene, ahora que ella lo sabía simplemente dejaría a la otra y volvería con ella, mi esposa, la que que cedió a serlo frente al altar hace algunos años. La que me dio unos hijos maravillosos. Con la cual viví en tiempos de verdadero tormento y ella me ayudó a superarlos, siendo mi respaldo, mi soporte, mi guía (hoy,  tarde he recordado y apreciado todo esto).

Le hice muchas promesas a mi esposa para reconciliarla y me aceptó de nuevo, después de haber sufrido visiblemente tanto, regresó a mis brazos, cambiada física y mentalmente y me aceptó por el amor que me tenía.
Pero la otra mujer siguió estando en mis pensamientos y en un momento de debilidad regresé a buscarla, fue algo mas fuerte que yo, algo movió en mi; además ella me dijo que me esperaría siempre, que estaría ahí cuando fuera yo a buscarla, pensé que si cuidaba más mis pasos mi esposa no se volvería a enterar. ¡Grave error!.
Volví a hacerle daño a mi mujer, la volví a engañar, rompí la promesa, en realidad ninguna de las muchas que le hice le cumplí, ¡y hoy cómo me arrepiento!…
“Te juro que ahora sí voy a cambiar, ahora sí voy a cumplir, ahora sí voy a dejar…”… Pero hoy mi esposa no me cree, no me escucha, ella es así, muy dura, sé que me ama, pero dice amarse más a ella, dice que ya no quiere ser un juguete, una tonta, que tiene dignidad; que si hoy he escogido seriamente cambiar que bien por mí, pero que ya no la cuente a ella en mis proyectos, que mis promesas ya no valen nada y que las oportunidades también se pierden…

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¡Ni modo, me lo busqué, jugué con fuego y me quemé!, realmente la amo y hoy me doy cuenta de eso. Ella fue mi mejor amiga, mi confidente, mi traductora, mi luz, mi guía, mi soporte, mis pies en la tierra. Ella me hizo cambiar de lo que era antes a lo que era ahora: una mejor persona, y aún así le he fallado.
Dios, Perdóname por todo el mal que le he causado porque ella no quiere hacerlo (y le comprendo, le he vuelto a fallar), ¡tú mejor que nadie sabe que sí la amo y la quiero rescatar!.
Consecuencias de mis actos; Mi Amor, tarde me estoy dando cuenta el dolor que me está causando realmente perderte, te creía tan segura para mí y hoy el que ha perdido mucho más soy yo.

¡Perdóname!…

Por: Noemi Leon



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