Aun puedo recordar aquel día; ese en el que decidiste por ambos, en el cual tu decisión era separarnos, porque lo mejor ya no lo tenías o sentías a mi lado. Aquel día en que partiste mi corazón y me hiciste a un lado. Día en que mis lágrimas no lograron conmoverte. Tan solo me soltaste un discurso de tus necesidades y me dijiste que quizás no volverías a verme.

Puedo asegurarte que con precisión ya no puedo recordar la fecha exacta de tu partida, pero si el inmenso dolor que sentí al ver como poco a poco te alejabas. Ese mismo dolor que me provocó el saber que lo más probable es que ya no te volvería a ver ni saber de ti otra vez.

¿Sabes que es lo que también puedo recordar?

Aquellas noches en que tomado me buscabas. Noches en que solo me ilusionabas y terminábamos haciendo el amor tan solo para que al día siguiente volvieras a decirme adiós.

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Y la verdad es que no puedo culparte del todo. Porque si bien es cierto ¨el hombre llega hasta donde la mujer lo permite¨ y yo lo permití por amor, esa es tontamente mi única justificación.

Me cegaba el pensar que sinceramente me amabas, que quizás solo era una mala racha y que te sentías abrumado o confundido. ¿Recuerdas las mil llamadas a tu móvil? Esas mismas que pocas veces llegaste a contestar. Yo sí y recuerdo que en la última llamada realizada prometiste volver. Te justificaste diciendo que tan solo era un mal momento y no querías echarlo a perder. Que nos diéramos un espacio para madurar un poco cada uno por su lado. Que respiráramos otros aires. Que estábamos hechos el uno para el otro y que al final estaríamos juntos nuevamente.

¡Que ilusa fui al creer en tus palabras! en esperar incluso por un tiempo el que tú regresaras. El mirar mi móvil a todas horas del día ilusionada por mirar tu llamada. El salir a aquellos lugares que solías frecuentar para ver si por casualidad nos llegábamos a topar. El preguntar una y otra y otra vez a tus amigos por ti. Para que al final del día me diera cuenta de que tú sin mi si estabas siendo feliz.

Puede ser que la falta de amor propio me llevara a caer en aquella situación en que mi mundo era mi habitación. En que en medio de esas cuatro paredes lloraba sin cesar creyendo que haciéndolo te haría regresar. El sumergirme de lleno en aquella profunda tristeza que me llevó a una terrible agonía. Agonía que no solo sufrí yo, sino todos aquellos que estaban a mi alrededor.

Fueron días y noches enteras suplicando por tu amor. Añorando los días pasados. Deseando estar nuevamente a tu lado. Cumplir todos aquellos planes y sueños que juntos creamos. Volver a tener mil noches en tus brazos.

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Nunca supe si en algún momento preguntaste por mí, lo cierto es que nunca hiciste nada para rescatarme de aquel horrible caos en el que se convirtió mi vivir. Pasaron días, semanas y meses sin noticias tuyas. Tiempo en el que aislarme fue lo mejor que se me dio, junto con el ¨vivir¨ mirando tus fotografías.

Cansada de aquella situación decidí salir de mi habitación. De aquella tonta zona de confort en la que me había estacionado para no encontrar a nadie que ocupara tu espacio. Decidí tomar las riendas de mi vida, enfrentar la situación con valentía. Tomar cada uno de los pedazos de mi corazón y armarlo nuevamente. Y como me dijiste: ¨decidí respirar otros aires¨.

¨Aquel fantasma de mujer pudo renacer. Me levanté de las cenizas dispuesta a volver a mostrar una hermosa sonrisa¨

De esa sonrisa se enamoró él. Apareció cuando no lo esperaba, cuando ni siquiera buscaba. Llegó con una hermosa mirada. Misma que me ofreció sinceridad y comprensión. Y aunque no estés para saberlo lo diré; los primeros meses no fueron fáciles, tanto para mí como para él. Tu fantasma siguió perturbando y rondando un tiempo en mi mente. No venías a mí como un lindo recuerdo, sino como el más amargo y doloroso que me causó mucho sufrimiento. Me fue muy difícil volver a creer, volver a confiar y sobre todo volverme a entregar. Miles de dudas divagaban por mi mente, inclusive tontas inseguridades. El comprender que él no tenía que ser como tú, no fue una tarea nada fácil.

A diferencia de ti, él jamás soltó mi mano. En ningún momento juzgó mi pasado. Llenó mis días de amor y de detalles. Me enseñó a amarme y a valorarme. Fue mi amigo, mi compañero, mi confidente y por eso logró conquistarme. Llenó mis días de ternura y de cariño. De palabras amables y de halagos que me ilusionaron tal cual un niño. Me reconfortó y me prestó su hombro cuando llegué a tambalearme y mi mundo gracias a él logró estabilizarse.

Me tomó de la mano y me enseñó a enfrentar la vida. Fue mi guardaespaldas y mi mejor salvavidas. Me esperó con paciencia y con devoción. Y al final del día es él quien ahora ocupa mi corazón.

Ha sido una gran sorpresa que después de meses vuelvas a buscarme. Y como una tonta excusa digas que el perderme te hizo valorarme. Que tu intención nunca fue el dañarme, que tan solo no sabías lo que querías y que por eso ahora has vuelto para recuperarme. Es injusto y cruel que después de verme feliz vengas aquí y te muestres así, tan vulnerable ante mí. Ahora vete por favor, tardaste demasiado en volver. Déjame decirte que el lugar que tu dejaste ya no está vacante, te puedes regresar por el mismo lugar por donde llegaste.

Y haciendo corrección a aquel dicho: ¨Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde¨, lo cierto es que ¨Todos sabían lo que tenían pero no pensaron que podían perderlo¨

Autor:  Stepha Salcas



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