Nos preparábamos a festejar nuestro sexto aniversario juntos. Estaba realmente entusiasmada, nerviosa e incluso ansiosa. No tenía ni idea del detalle perfecto para darte, pues en tantos años las ideas geniales comenzaban a agotarse.
Con lejanía puedo recordar la primera vez que te vi. Con melancolía vienen a mi mente flashazos del primer beso, la primera cita y el primer te quiero. Sigue habiendo recuerdos tuyos intactos en mí, pero lamentablemente los recuerdos no son suficientes para seguir.
Hay uno en especial que no saco de mi mente, que se me enterró como espina en el corazón, ¡si mi amor! Es el recuerdo de tu traición.
Aunque ha pasado un tiempo no lo saco de mi mente. Iba realmente frustrada por la calle pensando en tu presente para nuestra celebración. Debía ser algo perfecto y diferente al resto de lo que ya te había dado, seis años excelentes de noviazgo no los cumplía cualquiera.
Vagando por las calles llegué a donde no tenía la intención de ir y sin tener que buscar una corazonada me hizo voltear y te vi. Lucias feliz. Usabas tu camisa favorita y gafas. Noté que no estabas solo, estabas con otra y ¡la besabas!

Ser mejor

Mi inexperiencia no pudo decirme cómo actuar, me di media vuelta y huí de ese lugar. Tantos años juntos, tantos momentos, tantos planes y sueños los estabas tirando a la maldita basura y con ellos me partías en dos el corazón que siempre te perteneció… hasta entonces.
Cuando te enfrenté tuviste el descaro de negármelo, pero te fue inútil pues nadie me contó, yo misma los había mirado.
¡La maldita verdad es que te amaba demasiado como nunca antes había amado!
Tus suplicas pidiéndome perdón, tus lágrimas y mi llanto, aquello años que pesaban tanto lograron que continuara a tu lado. Poco a poco creí que lo iba olvidando, lo cierto es que nada volvió a ser como antes. Me congelé para ti, incluso el intimidar ya no me era tan bueno como antes. Se me acabaron los detalles y aunque te seguía amando y luchaba a diario con aquel recuerdo, hubo algo que se rompió y que con tu amor ya no pudo repararse… ¡mi corazón!


Y después de aquel aniversario en que fríamente puedo decir –estuvo bien-, me enfoqué más en mis cosas, en mi persona y en aquello ajeno a ti que me hacía feliz. Puedo asegurarte que hasta entonces y pese a todo continuaba anteponiendo nuestra relación. Y de repente sin buscarlo, sin planearlo, sin imaginarlo él apareció.
Y en mi defensa diré que yo solo tomaba aire en aquel parque y lo miré. Era la clase de chico que solía gustarle a todas, a todas menos a mí. Supongo que tantos años contigo me habían hecho seguir un patrón, pero él en nada se parece a ti.
Cruzamos miradas y alrededor todo se congeló. Se acercó a hablarme y las horas transcurrieron lento en nuestro reloj. Y aunque no soy la chica que habla con desconocidos, con él fue como si en otra vida le hubiese conocido.
Las horas no pasaron en vano, reí como hace mucho no lo hacía y platicamos como si no fuésemos extraños. Algo dentro de mí comenzó a sentirse raro. Intercambiamos números y entonces continué mirándolo.

Ser mejor

Él escuchaba todo aquello que de mi ignorabas. Reconozco que el mirarlo no estaba bien pero sin duda alguna es algo que volvería a hacer.
Fueron meses platicando con aquel desconocido. Y sin querer poco a poco comencé a mirarlo atractivo. Era su sonrisa, su porte, su mirada penetrante. Su cuerpo, su voz y sus manos que me encantaban.
En los encuentros me fui mostrando cada vez más nerviosa, pasaba horas en mi closet para lograr lucir hermosa. La culpa y el remordimiento de lo que hacía me acechaba, pero mi corazón latía con fuerza cuando él se me acercaba.
Cuando menos lo esperé tropecé con él. Fue imposible poderme resistir en aquel encuentro. Sus labios tocaron por primera vez los míos y juro que me sentí en el cielo. Es lamentable decirte que ¡no te recordé! Con él me sentí viva, tan plena, tan feliz, tan mujer. Y aunque estuvo mal, he de confesar que de nueva cuenta me quisiera encontrar con él.
Sus labios tan perfectos jugaron con los míos. Si recuerdo sus manos recorriendo mi piel puedo sentir como me erizo. No pude pensar con madurez. No quise pensar en nada que no fuese en él.

Ser mejor

¡No soy una mala mujer! No puedo culparte de lo sucedido, ni puedo decir que a tu error he respondido. Todo lo ha hecho el maldito destino. Lo conocí a destiempo y ese es mi peor castigo. Porque pienso en él incluso aun estando contigo.
Y aunque solo fue una vez admito que lo extraño, que lo necesito, que lo deseo, que lo pienso a diario. Porque aunque lo he visto no se ha dado otro encuentro. Porque me detiene el que mi corazón tenga ¨dueño¨. Porque los quiero a los dos, aunque eso esté prohibido.
Me declaro una cobarde que no sabe luchar. Porque aunque a ti te quiero, con él tengo ganas de volver a amar. Tengo ganas de que este en mi vida. De ser su cómplice, su amiga, su amante y la mujer de su vida. Y aun con todo ello creo que puede más una frase ¨es más fuerte la costumbre¨ y nosotros le hemos hecho honores por miedo al qué dirán si esto llega a terminarse.
Y me canso de llorarle a esta situación, de tener a un hombre en mi vida y a otro en mi corazón. Y me canso de lo estable e inestable que puedo llegar a estar. Contigo me siento bien pero con él es plena felicidad.

Si tan solo yo pudiera ponerle a este amor un freno. Decidirme por uno de los dos y que se haga realidad mi sueño. Pero no tan solo esto depende de mí, y es que no lo mencioné pero como yo también él es ajeno.

 

Autor : Stepha Salcas



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