Me encuentro estalkeando el perfil de Facebook de ella, la que anda con el chico que me gusta y me pregunto: ¿qué tiene ella que no tenga yo? Quizá sea que tiene una sonrisa más bonita, o unos labios más carnosos, o una cintura más delgada. Quizá yo soy un poco más exótica al vestir y ella es más recatada. Quizá sea que ella es más tranquila o quizá más loca… bueno, aceptémoslo, más loca que yo no hay. Quizá sea mejor conversadora que yo, no lo sé. Después de pasar por todos los álbumes de fotografías de su perfil, me voy dando cuenta que no se trata de mi cuerpo ni de mis capacidades intelectuales. No, mi problema es que soy demasiado fácil; es más, diría orgullosamente regalada. Sí, así como lo lees.

Muchas chicas suelen decir que llegaron tarde a la repartición de bubis o de nalgas. Bien, pues yo llegué tarde a la repartición de fuerza de voluntad. Sencillamente, cuando un chico me gusta, me entregó y ya, sin tanto rollo previo. ¿Para qué hacerla de emoción? Claro, en más de alguna ocasión he tratado de hacerme la difícil, pero juro que no puedo, pues cuando me llegan con palabras lindas, con un regalito sencillo, con un detalle, una caricia en la mano o un abrazo desprevenido, yo caigo inmediatamente rendida. Sí, así de fácil soy. Algunos dirán que tengo un corazón débil; otros, que mis hormonas me dominan. Como sea, me gustan las cosas sencillas: no me gusta rogar ni que me rueguen. ¿Para qué complicárselo tanto? Si me gustas, te lo digo y ya, no hace falta que me conquistes.

Claro, esto me ha traído algunos problemas. Porque cuando un chico tiene una chica fácil, se interesará un tiempo, quizá unos días, cuando mucho unos meses, pero tarde o temprano se decepcionará de tenerlo todo tan a la mano y se irá a buscar amor y pasión a otra parte. No dura. Así funciona y lo reconozco, las chicas fáciles llegamos a cansar. El problema es que si una se hace la difícil, también se aburren y van a buscar algo más fácil, ¿entonces en qué quedamos?

Como sea, a mí me gusta como soy y lo disfruto. Es cierto que me es difícil conseguir un amor estable y duradero, pero, ¿qué más da? Me gusta enamorarme y desenamorarme. En el amor no hay reglas escritas, y yo vivo así mis relaciones amorosas, sin guiones ni ataduras. No hay nada más triste y aburrido, a mi parecer, que esclavizarse a una rutina sin sentido con una misma persona a la que ves con decepción todos los días. ¿Cuántas parejas viven ya sin amor, sólo porque la costumbre y la inercia del tiempo las unen?

Así que ya dejaré de estar revisando el perfil de esa chica, buscando qué cosas tiene ella que no tengo yo. Si él la escogió, está bien. Yo seguiré mi camino y dejaré de compararme con otras. No me falta nada. Sí, soy una fácil, orgullosamente fácil, y así me gusta ser. Y no, no es que salga con cualquiera. Lo que pasa es que cuando le digo que sí a un chico, ya lo he analizado rápidamente y he decidido que me gusta y que quiero divertirme con él. A vivir y disfrutar, no hay más.

 

Autor intelectual: María Clara Arango



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